miércoles, 28 de julio de 2010

VirtuoRealidad

Cuando tus íconos se antro-materializan






Han pasado tres años desde que la/lo tengo en mi lista del Messenger. De los cuales hace un año o quizás más, hemos dejado de “conversar” por chat. Se convirtió en un persona cibernética nocturna por dos años, en medio de mis desfases en el estudio por la noche. Estas “conversaciones” como muchas otras, partieron con muchas charlas, chistes y discusiones pavas. Simplemente un amigo(a) al otro lado de la pantalla, como suelo tener hoy por hoy.

Con el tiempo tuvimos un decline en la interacción, y es que por un buen tiempo me dio por no entrar mucho a la internet y menos a chatear, lo que era evidente que la mayoría con los que tenía contactos fui perdiendo un poco la calidad de la comunicación. Yo tecleaba desde Argentina y esta persona desde Chile. Empero, dejamos de chatear seguidamente con lo que finalizamos simplemente dejar de chatear. Entonces, esta persona se convirtió en un ícono amarillo más de mi no tan larga lista de conectado. Y así por ocho meses, o quizás, un año. Sin embargo, por azares de la vida, este ícono sin vida de mi polvorienta lista sin previo aviso se antro-materializó, me la encontré en una sin importancia feria de una ciudad del Perú hace unos días atrás, en dónde estaba de paseo. Al principio no lo/la reconocí, pero algo me decía que de algún lado lo/la ubicaba (por fotos de internet). Después de unos minutos, dos neuronas de mi cabeza hicieron sinapsis… era ____@hotmail.com. Me hice el boludo por un rato, nos topamos tres veces, al parecer no me reconocía, o por lo menos lo parecía. En un rato, antes de salir, la/lo encontré en una tienda de películas buscando quien sabe que estreno ver. Me acerqué con intensión de saludarlo(a) y finalmente irme. Me paré al lado, volteó la cabeza, me miró, sin reacción alguna volvió a buscar sus películas, la señora que atendía el local me pregunto qué andaba buscando, yo le dije que solo estaba mirando. Silencio. Él -o ella- (sin revelar su identidad) seguía en lo suyo, yo parado, y las señoras que atendían paradas también, pero del otro lado del mesón. Momento incómodo. Terminé estrechando la mano y saludando, mencionando su nombre, a esta persona, rogando no haberme equivocado de sujeto. Resultó ser. Me reconoció, nos saludamos con titubeos. Evidente de dos personas que sólo se conocían detrás de un teclado. No recuerdo las palabras verbales que intercambiamos, solo recuerdo que fue breve y rápido, propio de un ícono con el cual no me relacionaba hace más de año. Salí de esa feria algo tranquilo y riendo, pensando en lo loca que es la vida y de lo raro que es saludar a alguien en persona después de tener un historial de zumbidos a través de las ventanas del MSN. Pero la cosa es que ocurrió. Fue incómodo, pero simpática la situación. Y espero que sea la primera de varias más. En cuanto a los iconos, estos que a veces están disponibles, otras veces ocupados, ausentes o desconectados, estos, tarde o temprano cobran vida, respiran, se materializan en las personas que internet promociona y que ellas mismas, son partícipes. Y que por azares de la vida te lo encuentras en el lugar que menos te imaginas.

martes, 13 de julio de 2010

Un día de M…“urphy”

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"Transcripción" de aquella tarde en un bus
Eran las diez y cuarto cuando sonó, o por lo menos oí, el despertador. Estaba atrasado. Sólo tenía quince minutos a las corridas para hacer todo y llegar antes que saliera el colectivo a Paraná. Pese a todos los intentos llegué tarde, había salido hace cinco minutos. El próximo era recién a las dos de la tarde… demasiado “tarde” para mí. La otra opción que me dieron era comprar un boleto para ir a un pueblo próximo –Crespo, a veinte minutos- y esperar un colectivo (bus) allá, ya que salían en todo momento. Accedí. Eran un cuarto para el mediodía cuando llegué a Crespo, con intensión de salir inmediatamente de ahí. Fui a la primera ventanilla, de tres agencias de buses, y pregunté por boletos a Paraná. Para mi desgracia salían a la misma hora que me habían dicho hace una hora atrás, "a las dos". Seguí a la segunda ventanilla. Lo mismo, a las dos y cuarto. Concluí no con mucha suerte en la tercera ventanilla, con lo que termina diciéndome: “No, acaba de salir uno, el de las once y media; y el de las doce y media hoy no sale por temporada de vacaciones, así que el próximo es a la “dos”. ¡Maldición! Qué le pasa al mundo, ¿Están todos confabulando para decirme la misma respuesta? no entendía la razón de que todos quisieran que estuviese después de las dos en Paraná, a dicha hora está todo cerrado (tenía planes para recorrer un rato por la peatonal a ver lo último). Miro la hora, “las doce”, tenía dos horas de margen hasta la siguiente salida. Qué iba a hacer dos horas en ese terminal aburrido y sin vida ¡dos horas! De haber sabido mejor me hubiese quedado en Libertador. No resignado y algo inquieto, salgo a esperar aquellos "buses fantasmas" que me mencionó aquella señora propulsora de la idea de venirme, a ver si llegaba uno y me sacaba de ahí, cualquiera, aunque tuviese tres ruedas (¿Tres ruedas?). Tenía planificado todo el día como para perder dos valiosas horas. Después de diez minutos parado y sin ningún transporte ideal en la mira me senté ya resignado en unos de los bancos a descansar, ¡ya está!
Hacía un sol increíble, pero un frío de cagarse. Sospeché del clima así, por lo que salí relativamente abrigado. Sin embargo, mis vaqueros estaban desprovistos de protección, absorbían el frío monstruosamente.
Hace unos días, vi en Youtube una charla, que eventualmente descargué, sobre una psicóloga que contaba, como anécdota, que estuvo cuatro horas esperando en el aeropuerto porque su avión se había retrasado. Algunos, pasajeros también del vuelo, puteaban a la mujer que atendía en la aerolinea, otros se ponían a fumar de las ansias, otros murmuraban en silencio el mal servicio, y otros se comían cuantas cosas veían y pedían en los restaurantes. Sentada, se encontraba observando la conducta de cada uno de ellos. La cuestión es que ella hace reflexionar sobre una cosa. Objetivamente estaba pasando -a tiempo reloj- un retraso, y frente a ello uno podía tomar dos caminos -o actitudes-: (en caso de su situación) amargarse o aprovechar esas cuatros horas para estar consigo misma, para pensar en aquellas cosas que el tiempo y la rutina no la dejaba, para hablar con sus seres queridos con los que ella quería realmente hablar, ya que todos pensaban que estaba a mil pies de altura, etc., es decir, sacar algo positivo de todo eso… ¡es una cuestión de actitud! Y como tal, decidí hacer lo mismo. Bendita idea de traer mi reproductor de música con batería cargada. Después de un rato ya comenzaba a aburrirme. Saqué mi celular (mientras seguía escuchando música) y me puse a jugar con el único jueguito que poseía el aparato… la idea era no ser tan consciente del tiempo y que este, a su vez, pasara rápido mientras mi mente maquinaba la idea de irme un rato a un cyber cualquiera y cercano ó a alguna tienda con estímulos distractores, pero, tangencialmente pensaba que no era una muy buena idea ya que en cualquier momento podía llegar un bus y quedar en banda. Me quedé. En ese momento me encuentro con una amiga, oriunda de allí, que estaba por salir próximamente a la localidad en donde estudio –y vivo en épocas de estudios, que es la mayor parte del año- a rendir una materia de psicopedagogía. A esa hora ya eran las doce y cincuenta y ella salía a las una. Nos quedamos quince minutos charlando –puesto que el bus se retrasó- lo cual todo contribuía y sumaba puntos para mi entretención. Al cabo de un rato se fue. Entré a la terminal a comprarme unas “papas Lais” y un café. Volví a sentarme afuera. Entré de vuelta, esta vez, ya faltando poco para las dos, decidí comprar pasaje (graso error). Me acerqué al ventanal que daba a la llegada de los buses cuando una señora que limpiaba allí se puso a baldear la entrada; llenaba el balde con agua y detergente y lo arrojaba contra la baldosa. El correr del agua espumada y su reventar en el suelo, despertó en mi, dentro de mi ocio y mirada perdida, la imaginación de estar presenciando el oleaje del mar (todo valía, en pos de contribuir a mi entretención), cuando de pronto la señora se puso a barrer y sacar el agua con la escoba, momento en que mi fantasía disipó. Luego pasé a darme cuenta, cuando miré a mi alrededor, que éramos un grupito esperando la próxima salida a Paraná. Éramos el típico grupo de películas de terror en donde el destino o un asesino se va encargando de ir matando uno a uno: Estaba la rubia, una pareja, una madre y su hijo, uno con pinta de motoquero, el intelectual, el fashero y yo… ¿Qué rol cumplía yo en la película? No lo sé, solo sé que en momentos de ocio mi mente vuela bastante alto.
Llegó un colectivo, miré la hora, faltaban aproximadamente veinte minutos para la hora propuesta por todo el mundo, y tenía la misma pinta del logo de la agencia donde compré los pasajes. Pensé que por fin algo bueno dentro de todo... el colectivo había llegado antes de lo pensado. Salí para que viera mi boleto el chofer… no, no era ese. Ahora, no solo la señora, las agencias, sino también aquel chofer me aclaró que aquel boleto correspondía a la hora apocalíptica, las dos. ¡Maldición! Fui a la agencia para que me cambiaran el boleto, pero para mi consumo de tiempo, ya estaban agotados. ¡Qué báh! Ya faltaban veinte minutos para salir. Si había esperado una hora y cuarenta, podía esperar el resto como para calentarme la cabeza… ¡Actitud! ¡Actitud! Pensaba, aún me encontraba estable. Fueron allí donde me surgieron las ganas de escribir, de escribir sobre esto. Pero, como no es usual, salí sin mi libreta de notas.
Según el psicoanálisis, lo que estaba pasando en ese momento era que estaba reprimiendo toda la hostilidad situacional e intentando subliminar en las letras (la teoría dice que todo eso pasa a nivel inconsciente, pero dejémoslo ahí).
Llegó finalmente la hora esperada y junto con esta, puntualmente el bus. Sí, ese era el correcto y se iba a Paraná. Metí mi mano en el bolsillo donde puse el boleto y para mi mala racha no estaba, lo había perdido y no lo encontré más… (Es chiste señores, un poco de emoción no viene mal), sí estaba allí, reluciente y arrugado, lo mostré, me subí y me senté en esos asientos con tantas ganas sin intención de sacarme los lentes ni los auriculares. Mi mente programó los restantes cuarenta minutos para relajarme y escuchar música. Cerré mis ojos por un rato mientras pensaba (ojo, en este caso cosas más reales) mientras la máquina avanzaba. Cuando los abro me doy cuenta de que me estaba devolviendo para Libertador. Me quería matar, al diablo con la “actitud”, no podía creer que me estaba devolviendo después de dos horas al pedo. Pregunté si el colectivo este iba realmente a Paraná o si me había equivocado al comprar del boleto. Efectivamente iba a Paraná. Pero pasaba por Libertador. A saber aquello, me hubiese quedado allí y no haber ido vanamente a Crespo, por ende, no haberle hecho caso a “esa señora” –sigo sublimando-.
De la bronca –ya no reprimida- y sabiendo que tenía una hora más de viaje y hastiado de la música, saqué un portaminas que traía conmigo y saqué el libro –que supuestamente estaba destinado a leerse- y en su márgenes en blanco me puse a escribir. ¡Ya está! Tenía ganas y necesitaba descargar. En estos momentos estoy escribiendo, entre el tumulto de gente. Ya ha pasado un rato, me encuentro a unos minutos –al fin- de llegar a Paraná. Está bien, después de todo llegué sano y salvo. Siendo próximo a las tres y media de tarde llegué. Estoy por bajar en la terminal, que por lo menos tiene un poco más onda que el anterior. Después del día de m… “Murphy” que tuve, al fin llegué. Ahora lo que suceda desde que me baje del colectivo, esa, ya es otra historia. Qué quizás, sea narrada.

miércoles, 9 de junio de 2010

Revista "Siente"

::Desde ahora escribo para ella::

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Ya salió la edición de Junio de la revista on-line "Siente", y con ella publicado un artículo mio. Así es, desde ahora escribo para dicha revista, así que quedan cordialmente invitados a entrar, leer y comentar

Acá les dejo el link para entrar:

http://www.revistasiente.tupercepcion.com

Y acá el link para los que quieran subscribirse a la revista que les llegará de forma gratuita al correo electrónico:

http://tupercepcion.com/suscribete.htm

Caretas del sí mismo

Atrapados en un espejismo de cuatro letras


Cuando Julia terminó con su novio quedó devastada, cuando Joe reprobó su materia de química sintió miedo de que sus padres se enterasen, cuando Miguel se distanció de su amigo entró en un bajón anímico. Los tres pasaron por una situación desfavorable, los tres están pasando por un mal momento. Ahora, qué pasa si alguien que los conoce en la calle y les tiene aprecio los detiene y les pregunta “¿Cómo estás?”, normalmente, son en esos momentos donde sacamos una sonrisa y contestamos con la clásica respuesta, “muy bien, gracias”.
Decimos “bien”, a pesar de que sentimos todo lo contario. ¿Por qué? Queremos economizar tiempo, pensamos que el otro no está realmente interesado en escuchar nuestra larga y aburrida historia, no tenemos ganas de remontar toda la escena otra vez… las razones pueden ser mucha, y una sola salida –rápida y buena-: “Bien, me encuentro bien”, y sigues con toda esa carga emocional por delante.
Todos nos aferramos a esa palabra como si esta englobara mágicamente todo nuestros sentimientos de manera bastante diplomática.
Se convierte en un refugio gramatical cuya función es eludir los reales sentimientos. Antes las típicas preguntas la gran mayoría responde de esa manera, pero en realidad ¿Cuán bien estás? Puedes responder “bien”, y tienes todo el derecho de hacerlo y es aceptable tu respuesta, pero, lamentablemente “bien” no es un sentimiento
La gente no se detiene a conversar, a contar sus cosas, sus problemas, en lugar de eso evitan tocar la espinita, de sacar afuera lo guardado, de elaborar, llevándose un gran peso interno. También es muy cierto lo que dice un amigo acerca de que es una respuesta políticamente correcta que se debe dar a alguien que realmente no se interesa por la respuesta sincera. Tampoco no es contárselo al primero que veas y notes sus orejas prominentes, simplemente es encontrar a una persona de confianza y cercana y simplemente hablar. Esto de hacer catarsis hace muy bien para liberar tensiones propias como la angustia, el miedo, la pena; además te ayuda a centrarte una segunda vez con el meollo de la situación a nivel emocional y buscar, ya más liberado, nuevas formas de solucionar o, por lo menos, encontrarle un alivio más próximo a la situación. Sin contar que tener a alguien que mira todo desde afuera, nos puede ayudar a tener una visión más clara de los hechos.
Pero la gente no quiere hablar, quiere jugar un poco al “aquí no pasa nada”, a formar ilusiones, a ponerse máscaras, quiere confundir al espectador, ¿para qué mostrarse vulnerable? Para qué gastar tiempo en sinceridades aburridas, es mejor jugar a las apariencias, a las escondidas.
Sin embargo, es hora de empezar a verbalizar las emociones, una de las habilidades de la inteligencia emocional. No nos quedemos con eso y rumiemos solos en cada momento del día, sino más bien echémoslo afuera en el momento y con la persona correcta, y verás que bien te sentirás después de ese café con tu amiga en la cafetería de la esquina, después de la sesión con tu psicólogo, después de ese paseo con tu hermano por la avenida principal.
Ante una situación similar, en donde te preguntan ¿cómo te sientes? y respondes bien, se puede considerar aceptable tu respuesta, pero no removiste nada interno y no fuiste de gran ayuda contigo mismo y aquello que guardas seguirá dentro afectando tus pensamientos y acciones. Recapitulemos la escena: ¿Cómo te sientes? A lo que terminas diciendo “algo cansado y un poco triste porque mi amigo se fue a Francia y no la veré en dos años, sin embargo, me consuelo que podamos comunicarnos por internet, una de las ventaja de estos tiempo, igual tengo buenos recuerdos con él en el equipo, además con este aumento que recibiré muy pronto podré ir a verlo en unos meses. Así que mejor, Gracias por preguntar”. Ahora yo te pregunto, una vez que sacaste afuera todo ¿Cómo te sentiste? Seguramente mejor que hace un instante.




martes, 30 de marzo de 2010

Atardecer



[Escrito en los primeros días de marzo]
La gran mayoría prefiere observar una puesta de sol en el mar, y yo me incluyo en esa gran mayoría, sin emabrgo, hoy descubrí cuán gratificante es poder presenciarlo en lo sumergido de un valle. Hoy me encuentro a una semana de marcharme de casa, y emprender mi cuarto viaje consecutivo de retorno a los estudios en Argentina, por lo que decidí quedarme en casa todo el día. Mi tarde no fue más excitante que quedarme tirado en la cama viendo tv-cable hasta bien entrada la tarde, hora en que comenzó a fatigarme los canales variados, así que salí en búsqueda de algo de oxigeno y ventilación. Fui por un racimo de uvas y salí por el ventanal del pasillo que da a la piscina y al enorme jardín de la abuela, en dirección al occidente. Me senté en un lugarcillo cercano al ventanal y comencé a pensar... eché a volar las ideas. El sol estaba estupendo, con cálidos rayos que solo te otorga después de las seis de la tarde, momento antes de su puesta. El viento traía una frescura rara en esta época, por lo que el momento era admirable. Me quedé un rato ahí sentado, disfrutando del racimo de grandes y frescas uvas rojizas, cuando comencé a notar que el sol había comenzado su descenso. ¡Qué espectacular escena! Ahí en medio de la frescura de la tarde, disfrutando de lo dulce de la naturaleza, mientras mis ideas viajaban y mis pulmones se oxigenaban, veía algo que ya había visto antes pero ahora con un “algo” diferente, el sol se estaba escondiendo detrás de ese imperioso y enorme jardín bien cuidado, detrás de ese imponente verde, detrás de esas enormes palmeras de plátano, del gigantesco palmeral de dátiles, detrás de los pinos, de los rosales, de las flores variadas, algunas elevadas en los árboles, otras caídas en conjuntos púrpuras, otras metidas entre la hierba y el pasto, y ahí, justo ahí, en medio del enorme cielo anaranjado y el bellísimo jardín bien cuidado, se estaba yendo el sol, se estaba yendo otro día más de estas vacaciones, otro día de ocio y de no hacer nada, mañana comenzaría otro amanecer, otro quehacer, otra jornada en que tal vez, termine en la playa, en el gimnasio, o de forma repetitiva, en casa… en fin, un día que se va y restan de mi ciclo vacacional que me incita, más tarde, claro, a ordenar mis cosas y empezar el ciclo de estudio. No obastanre, nada de estar pensando en eso por ahora, solo me quedo a contemplar este fenómeno natural, terminar de comerme el racimo de uvas y finalizar estas letras mientras veo este peculiar atardecer en el valle.


sábado, 9 de enero de 2010

(K+A=21, Black Jack)

Un paseo entre Naipes









Las monedas se oyen crujir y los tragos parecen andar por sí solos. Las luces llaman mi atención y las cartas inician partidas. El sábado de noche fui invitado al casino, no suelo ir ni tampoco jugar, pero acompañé a mi primo a incrementar sus "Mangos1". La entrada venía consigo con el pedir de un trago nacional, al no haber el que quería, terminé con un vaso con vodka y agua tónica; para nunca más, por lo menos por el agua tónica. La gente parecía “feliz”, algunas sentadas pendientes de sus juegos, otras esperando que tres figuritas idénticas se alinearan frente a sus ojos tras bajar la palanca y escuchar tan delicioso sonido de monedas cayendo, como si estuviesen gritando “aquí estamos “mami”, “papi”, pero aunque ya sabes, en un par de minutos ya no estaremos más”, gente sentada en sus mesas observando el show del recinto, personas transitando de un lado a otro, algunos mirando el juego de otros y otros como yo, acompañando a jugadores aprendices. En el ambiente circulaba el tóxico olor a Kent 4, una especie a “Smog con Glamour”.
Tengo entendido que hay tres tipos de personas que frecuentan el casino, unos que esperan que sus sueños se hagan realidad, jugando más allá de lo que pueden obtener, dónde la droga de su adicción no es ni la marihuana, ni el alcohol ni cualquier otra sustancia, sino más bien, el movimiento de los dados, de la ruleta y el tan esperado káiser acompañado del A. Otros que van a divertirse, a tomarse un traguito, fumarse un par de cigarrillos, tal vez tirar un par de cartas, cuya finalidad es salir y sociabilizar, y, por último, gente como yo, que no saben qué diablos hacen ahí. No la pasé mal, ojo, pero tampoco es uno de mis lugares favoritos, salvo el restaurant que tienen y el pequeño bar de abajo. Acompañé a mi primo a jugar a las máquinas, ahí estuve un buen rato, mientras mi mente divagaba en mi próxima idea, que no suelo concretar, de escribir una historia, siempre pensando en un libro, de varias páginas, que no suelo nunca empezar. No habiendo más créditos que jugar pasamos a la ruleta, finalizando en el “21” o “Black Jack”, ahí estuvimos otro buen rato, donde los alquimistas comenzaron a trabajar, los billetes se transformaban en fichas y las fichas –multicoloridas- en billetes. Su inicial dinero apostado se multiplicó por cuatro, momento preciso de retirarse y llevarse consigo, las ganancias bien ganadas. Bien entrada la madrugada, decidimos irnos del casino, sin antes pasar un rato por el Esso Market.
El mundo de las luces, del “smog con glamour”, los dados, y todo dinero quedaron atrás, encerrado en su propio espejismo y enclaustrado en aquellas y singulares cuatro paredes, todo un “mundo de felicidad” pasajera concentrada en un mismo sitio, que desaparece cuando el sol se estrena en un nuevo amanecer y la realidad cae sobre ellos con una terrible resaca. Nuestro auto ya estaba a unas cuantas cuadras del lugar.

1Mango: Jerga argentina que alude a la palabra “pesos”, sinónimo de la jerga chilena “Lucas”.

"El último abrazo antes de la lluvia".


Idea original: Yani y Merry.
Creación literaria: Diego Ignacio
Fotografías: Google.


Con cariño, para Yani y Merry,
quien me dieron la idea de escribir esto
y su linda amistad.




Es un momento intenso para Emilia y Juan Pablo, han tomado la decisión de escaparse. Habían utilizado todas las herramientas posibles para permanecer juntos, mas las circunstancias se unieron para derrocar aquella remota posibilidad. Se hizo fría esa tarde, el viento andaba más imperioso que de costumbre, algunas nubes se habían oscurecido y había un plan que ejecutar. Habían acordado debajo del ciruelo a las nueve menos diez, hora en que salía la última parada del tren, sólo con lo necesario. Comenzaron a caer las primeras gotas del rocío andante, el viento estaba cargado de un dulce aroma a Eucalipto, el tiempo se agotaba, y un tren por salir. Se miraron algo confusos por todo lo que estaba pasando, y por todo lo que estaba por suceder, sólo con un objetivo en la mente: "estar juntos". Ella lo mira delicadamente, acaricia su castaño cabello a la espera de una nueva tentativa de proceder, él alude a observarla y deja escapar, entre miedos, una leve sonrisa, señal de terminar lo que sus cabezas habían empezado hace días, ella sin más lo abraza y él le responde cobijándola con la seguridad de sus brazos. Fue la unión más intensa de sus vidas, por alguna razón desconocida no querían separarse, era un momento perfecto, ese abrazo, que simbolizaba todo para ellos era lo cálido que los apartaba del frío del ambiente, el frío de los hechos, el frío de sus miedos. Fueron uno. Sus inseguridades personales, por aquel momento se convirtieron en certezas puras. Los segundos se hicieron eternos, pero pronto lo eterno sería en lapsos de segundos. Ella se aparta, lo mira, se pierde en su rostro, le devuelve su sonrisa y corre por sus cosas. Él la ve moviéndose a la distancia, empequeñeciéndose a medida que avanza, ya era cuestión de minutos y una pesadilla por darla acabada. No tenía de quien despedirse. Dejó una carta en el lecho de aquella singular cama, era hora de empezar una vida nueva. Antes de irse, una perceptible gota reventó en su mejilla derecha, alzó la mirada, el cielo se estaba oscureciendo. Salió a tomar su pasaje de tren. Ella, ilusionada e insegura, abre la puerta agitadamente, sube por las escaleras, entra en su cuarto y comienza a recoger sus pertenencias. De pronto y de forma inesperada, visualiza sobre su cama... una carta, un sobre blanco con las iniciales de J.P. y una palabra en mayúscula y bien sobresaliente de "Adiós". Sus ropas cayeron y una postura rígida la inundó vertiginosamente. Titubeante, se acercó abrirla y a leer su contenido, debía hacerlo rápidamente ya que era cuestión de minutos antes la partida del tren. Comenzó a llover. Un inesperado giro del destino la dejó tambaleante. En sus letras manuscritas y mal redactadas, se estaba despidiendo de ella, el mismo, que hace un instante, le abrazaba fuertemente a las afueras. Le explicaba que era lo mejor para ella, que debía continuar con su vida y con el hombre con el que había decidido formar una familia. No le podía ofrecer nada más que su amor, y era ese amor el que lo impulsaba racionalmente y de forma paradojal a querer lo mejor para su vida. Confundida y a sollantos, se paró enfurecida "Quién se creía para decidir por ella" pensaba mientras dejaba todo como estaba. La lluvia se acrecentaba, comenzó a entrar agua dentro de la casa; buscó su sobretodo y el paraguas decidida a encarar. Salió enfadada de su habitación, bajando por las resbaladizas escaleras. Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, él tenía todo listo, un saco, una minúscula maleta y el último cigarro antes de partir, era hora de entonar un nuevo rumbo, solo. Votó la colilla vacía, subió al tren, acomodó su valija, y se sentó a contemplar la ventanilla, mientras las gotas sucumbían contra el vidrio. Los minutos pasaban y una corazonada envolvía a Pablo. Los niños corrían por los pasillos, las señoras se acomodaban en sus asientos y los pañuelos se alzaban a las afuera en señal de despedida para varias personas. Un deseo imperioso de verla transitó en su mente, "Quién era él para decidir por ella", mientras el tren comenzaba a cerrar compuertas y encender motores. Comenzó a impacientarse, de pronto sintió que todo era un gran error y que todavía había tiempo de remediar las cosas, sus piernas comenzaron a moverse con ansias y estereotipadamente. A las afuera de su ventanilla apareció, entre la muchedumbre, la imagen de Emilia, él detiene su pierna y una gran sonrisa se dibujó en su boca. Se levanta para verla bien, no obstante, esa imagen se pierde por la presencia de otra mujer parecida a ella, cae en su asiento, inconsciente que el tren ya había comenzado marcha. Recuperando su orientación, percatándose de la realidad y en un intento desesperado de retroceder todo, quiso parar la máquina e ir a buscarla... total, existía otra salida a media noche. Era el momento de remediar su gran error y anular la culpa. Detiene la maquinaria. Cruza la ciudad, la noche, las calles, el frío, la lluvia, recorriendo por una excitación pavorosa. Llega a casa de Emilia, rogando que aún siguiera allí. Se prepara para la peor discusión, enojo y mejor reconciliación de su vida. Entra a la casa, y la escena más horrible ocurrida estaba presente delante de sus ojos. Emilia está tirada en el suelo a orillas de las escaleras, desmoronada y sin la menor intensión de moverse. Un paraguas a centímetros de su cuerpo y la formación de un charco de agua conglomerándose alrededor de ella. Corre a tomarla, sacudirla, abrazarla, a despertarla… a “despertarla” y descubre la gran pérdida de su vida. Dándose cuenta que qué no tenía aliento ni palpitaciones, y una carta aun sujeta entre sus manos se derrumba en un llanto angustioso. A las afuera el cielo se destrozaba a truenos, adentro, el gritaba enfurecido. A las afuera el cielo mojaba la tierra, adentro, él la mojaba entre sus lágrimas. Parecía que sus emociones, de alguna manera extraña, se externalizaban y se proyectaban al ambiente, lo hicieron en el mismo instante en que él se despedía de ella, en el mismo instante en que le abrazó, en el mismo instante en que la dejó irse. La vuelve abrazar, le habla en susurros, ella no responde, sus abrazos eran vanos, ahora solo brotaban el mismo frío que inundaba afuera. Quiere retroceder el tiempo, irse a ese abrazo tan intenso de unas horas atrás, ese abrazo antes de la lluvia, ese abrazo tan sincero del que nunca debió aflojar.
Afuera el cielo se rompía en pedazos, la lluvia caía a cántaros, y un tren rumbo a su destino.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

.:Crisis:.

"No pretendemos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a las personas y países, porque la crisis trae progresos, la creatividad nace de la angustia como el día de la noche oscura. Es en la crisis donde nacen la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado. Quien atribuye la crisis a sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más los problemas que las soluciones, la verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia”.
::Albert Einstein::
Popeye trata de ingerir Espinaca pero no puede abrir la lata de dicho vegetal, esta muy viejo y no tiene las fuerzas de antes. Su "fuerza" esta dentro de esa lata y  necesita abrirla para acceder a esa "fuerza". Situación paradojal. ¿Cómo lo hace? Toma placebo. Mientras tanto Olivia se encuentra en una perversa y pasional relación amorosa con Brutus a espaldas del viejo Marinero.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Una musa en búsqueda de su identidad.


Amantes de la noche, señores, contemplad la luna y su esplendor. Caballeros, mirad el fresco y saciadse de su tranquilidad. Caballeros de la noche, os pido un favor, no impidáis que las sirenas cambien de corrientes ni dejen de entonar su suave cantar. Dejen que las olas exploten en las rocas, que revienten de personalidad, mientras sus dulces tonos se mezclan con las saladas gotas del rocoso lugar. No impidáis que las nubes asechen a la esfera más llamativa de medianoche, cuando su tinte amarillo se refleja en las mareas de aguas frías, donde los piratas llevan y traen secretos... y los secretos se hunden en lo más profundo del vacío existencial. No permitáis que las brisas irrumpan a las musas que caminan de noche en busca de un sediento de inspiración, que caminan por las calles, que caminan por la costa, entre mojadas arenas, donde sus huellas se van perdiendo en la soledad, y sus pisadas son aplastadas por la furia del oleaje ocasional.

Una de ellas de melancólica mirada

ha dejado velas a su andar

velas encendidas

que el agua no ha podido apagar.

Quiere dejar señales

quiere quemar el mar

quiere cruzar el horizonte

quiere nadar y no pensar.

Está cansada, está agotada.

Ha disipado su creatividad,

esa creatividad que proyecta en otros

no la puede hallar.

La pobre

ha perdido su identidad.

Se ha sentado en una roca. Escucha las melodías en el mar, escucha a un pobre vagabundo quejándose de su largo transitar. Ha perdido todo, esposa, dinero, y la felicidad, ahora vagabundea por las calles en búsqueda de... quién sabe qué cosa quiere hallar. Quiere dejar atrás su soledad, quiere dejar atrás su ansiedad. Ella lo mira y le quiere hablar, más él la ignora como una sombra más. Ella danza para él, y lo distrae de su andar; quiere complacerlo, quiere inspirarlo además... quiere ayudarlo a encontrar su espontaneidad. Él mira al mar... saca un lápiz y una hoja arrugada de tanto guardar, y escribe una carta a su esposa, a quien no ha podido por años mirar. Escribe y saca lo que ya no pudo más ocultar, escribe para disculparse, lo que el vicio y la noche lo sedujo en alguna oportunidad. Han caído lágrimas, ha derramado pena de tanto aguantar, ahora sus suspiros son de anhelos y bienestar. El viejo infame regresa por donde vino, perdiéndose de vuelta en la enorme cuidad... quién sabe si alguna vez, tenga una segunda oportunidad.

Se escuchan las olas golpeando las rocosas superficies de la costa, las idas y vuelta del mar, las sirenas se han sumergido en busca de tesoros y joyas para complacer su vanidad, mas la musa se detiene, se contempla, sonríe, pues ya ha encontrado su identidad, y en un despertar de amanecer, su alma se pierde en el enorme caudal.

Por eso señores, cuidad de lo que es nuestro. Nuestras aguas, nuestras brisas, nuestro mar, para que las musas se inspiren e inspiren a los demás. No rompamos este círculo vicioso que de alguna forma todos vamos a ganar.

Mi musa ha parado de danzar.

jueves, 9 de julio de 2009

En Arrecifes (Bs.As.).

Ongoing project


Ya han pasado una semana desde que me encuentro en Arrecifes, gracias a la invitación de mi amigo y compañero de carrera Gustavo. Mientras escribo esto, en la cocina familiar, día nueve de julio a las 18:20 pm., me encuentro bebiendo una taza de café recién comprada en el supermercado, al lado de la hermana de Gus que hace su tarea y el padre, cocinando un par de milanesas. No he escrito nada en este sitio desde ya hace un buen tiempo, y desde mano aprovecho a saludar y agradecer a todas las visitas que hacen en esta humilde y egocéntrica página desde varias partes del mundo.
Ha sido unos días tranquilo, muy relajado, la familia me ha tratado espectacular, me siento muy a gusto en este lugar. Si bien la actividad diaria no es muy acelerada por ser una localidad apartada de lo que es la vida ajetreada de la capital de Buenos Aires, y por estar en un sitio marcado por el campo, el vivir de aquí es muy tranquila, relajada, te puedes desconectar bien de las actividades frecuentes de lo cotidiano. Normalmente por las mañana dormimos, ya que por las noches nos quedamos charlando y viendo películas, principalmente de terror… y en las tardes solemos frecuentar el taller mecánico de “pichi” o Héctor, quien es el patriarca del sistema familiar; ahí solemos ayudarlo en su trabajo, nos distraemos un rato, cebamos mate… perdón! Cebo mate, jaja, y cada vez me hago más experto en estas tradiciones Argentinas. El domingo pasado salimos a pescar, actividad que nunca había hecho antes… ¿pescamos algo?, bueno, sin comentario. De vez en cuando al cyber para conectarnos con el mundo, (Cyber Fun Time). Vagamos por las calles y sus contiendas y cosas por el estilo. Este domingo tal vez vayamos a Pilar, a un casamiento y otros planes de por medio.
Pero fundamentalmente mi estadía aquí no es sólo de placer y descanso, sino también de trabajo. Junto con Gustavo y otros compañeros más de otras carreras, medicina, enfermería, comunicación social, teología, etc., que estarán por este lugar dentro de dos semanas, tenemos que dar de forma interdisciplinaria un “seminario de Estrés”, así que estamos trabajando en la transmisión masiva para toda la localidad con afiches publicitarios, por la radio y otros medios la difusión de este proyecto. Nos hacemos cargo del tema, personalmente me toca el día tres, "PENSAMIENTO Y ESTRÉS", toda la parte teórica propiamente dicha y cognitiva, por lo que estoy trabajando en mis Power Points y presentación. Estamos auspiciado con una suma de la asociación Bonaerense quien contribuye económicamente en este propósito. Esperamos movilizar a todos los Arrecifeños en este proyecto, y que todo salga bien... y si sigue todo como está planeado y las cosas continúan viento en popa, pese a la gripe que tienen a todo el país asustado y en alerta, se realizará del día 27 de Julio al 3 de agosto, y luego de eso, el proyecto de teología, la semana de oración (que sería en la segunda semana) y bueno, luego… de vuelta a la villa en Entre Ríos, para empezar el segundo semestre de estudio, después de una jornada de trabajo y placer.Este afiche fue preparado para la primera fecha establecida, pero por razones nacionales (Gripe porcina) se aplaza para una semana más.

sábado, 23 de mayo de 2009

Aullidos de Lobos


Despertó de aquel profundo sueño. Despertó aterrada. Despertó en medio de una oscura noche de invierno, a las afueras de un espeso bosque de tapiz blanco. Llevaba las mismas ropas del día anterior y una sensación tremenda de confusión. Se paró media tambaleante, estaba algo desorientada, sus recuerdos eran borrosos y vacios. Su teléfono estaba sin señal y a momentos de terminarse la batería. Sintió frío, hambre y una inmensa impotencia. Comenzó a caminar torpemente por una dirección que no estaba segura. Todo era extraño, absurdo y tenebroso. Solo lograba ver aspectos ambiguos por aquella escaza luz del cielo. Con el pasar de las horas, sonidos agudos proveniente de lo más hondo del lugar provocaron una reacción esporádica de escalofríos. Aullidos de lobos saturaron sus pensamientos. Aullidos que provenían de todos lados, de todas las formas. La incertidumbre la carcomía, su angustia la devoraba y el miedo la atajaba. Se armó de valor y continuó su marcha, mientras se persignaba seguidamente. Comenzaron de vuelta los aullidos, empezaron movimientos en el bosque, comenzó la paranoia. En un momento dado, por detrás, escuchó un estruendo de hojas secas que sonaban de forma sollozas lentamente en dirección de ella. Percibió la presencia de algo que le transmitía un singular aliento cálido. Su cuerpo se estancó análogo a una estatua de hielo y sus ojos empezaron a moverse para todos lados. Hubo una pausa. Su respiración sacudía agitación silenciosa, el corazón vagaba por su angosto esófago, y frías gotas se movilizaban por su frente. En un infortuito acto de sonido improvisado por segunda vez la impulsó a correr desesperada por el inocuo camino resbaladizo, entre rocas y arbustos. Corrió hasta que sus piernas no dieron más. Corría mientras agitaba sus brazos para luchar contras las ramas. Corría a pesar de sus tropiezos. Lo hacías a pesar de su angustia, a pesar de sus miedos. Lo hacía por inercia, hasta tal punto que olvidó por qué lo hacía. Se detuvo. Respiró. Miró para atrás y todo era incierto. La niebla deambulaba y las lechuzas revoloteaban. Su cuerpo sacudía respiración entrecortada, sus manos se apoyaron en sus rodillas, miró una roca, gateó hasta ella y en un zambullido y descarga de impotencia frenética lloró. Fieras lágrimas caían espesamente, su rostro se desfiguró. La angustia empezaba a asfixiarla. Volvieron a escucharse los aullidos a la distancia, entre las nieblas, entre los árboles. La fría brisa se movilizaba a un temperamento colérico melancólico. Los aullidos se aproximaban. Dejó de llorar. Se secó las penas y se sonó la angustia. Inició a escavar la nieve atenta de lo que pasara. Escuchó pasos y deformaciones de la noche. Continuaron los aullidos y la incertidumbre. Su teléfono cayó al suelo, miró hacia abajo, le sacudió la nieve y una asedia sombra proyectada en su mano la descompensó dejando caer por segunda vez el móvil. Levantó la cabeza lentamente, rogando de una manera deseperada que todo fuese una ilusión óptica de alguna mala broma del entorno, por lo que su mirada levantó vuelo hasta que sus expectativas se derrocaron. Los aullidos se habían materializado. Una loba blanca de aspecto mansa, la miraba atentamente; sus dos esferas azules se alinearon con las dos verdes de ella. Ésta la observaba, la indagaba, y ella solo aludía a mirarla de reflejo. De pronto levantó un aullido agudo al cielo, y los demás cesaron. Volvió su mirada para con ella, y comenzó a acercársele lentamente. Ella en reacción comenzó a retroceder al mismo tiempo, pero aquella roca la imposibilitaba. Su hocico quedo a centímetros de su temblorosa nariz, su olfato se mezcló con su inocua respiración. Tuvo un espasmo, estuvo a punto de quebrar en un ataque de pánico, estuvo a punto de. La loba retrocedió; la miró inspecciosamente otra vez y se fue. Antes de que se perdiera entre las siluetas nocturnas, se detuvo y volvió a cruzar la mirada; ella lo interpretó, extrañadamente, como un signo de amistad muy fuera de lo común, después de una sensación de calma que infundía la lobezna albina, luego de que no le hiciera nada, de aquel maravilloso acto pasivo. Se paró, sacudió y la siguió. Mientas iba tras ella, no entendía por qué lo hacía. Al cabo de unos minutos el animal frenó ante una peculiar cueva, volvió a mirarla, giró la cabeza y se marchó. Los aullidos habían cesado, el viento también y la calma la envolvió repentinamente. Decidió entrar en la estrecha cueva y entre piedras su cansancio recostar. Y después de unos minutos, ya agotada emocionalmente, durmió. No se escuchaba más nada en el ambiente, todo era silencio pleno. Todo era silencio puro.
No obstante, a media noche, sigilosas sobras caninas comenzaron a entrar una a una por el rocoso lugar... las hojas estaban quietas, el céfiro apaciguado, y una manada hambrienta expectante de su comida. Me pregunto, ¿Toda historia siempre debe tener un final feliz? No lo creo. Aquel banquete de tinte rojo quedó plasmado en la espesa nieve aquella fría noche, todo cerró en aquel sanguinario acto colectivo sellado bajo las tintas rojas que terminó con un ritual de aullidos expansivos, bajo las sombras y el instinto en aquel indiviso bosque, que lamentosamente y de forma bestial, la mujer no salió airosa para contarlo. Sólo quedaron impregnados en su rastros aullidos. Aullidos decisivos. De los que nunca, en su vida, debió escuchar.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Circunstancias


"Las personas siempre achacan la culpa de lo que son a las circunstancias. Yo no creo en las circunstancias. Los que salen adelante en este mundo son personas no conformistas, que buscan las circunstancias que ellos desean, y cuando no las encuentran, las crean."

::BERNARD SHAW::

Diseño Psíquico

[Razonamiento de hace un tiempo]

::Esquema mental, luego de una breve instrospección::

Si tienes algún razonamiento significativo asociado a un sentimiento no lo cuentes, no lo digas, no gastes enegías hasta que no lo hayas comprendido del todo y  no estés totalmente integrado a ella. Y cuando esa parte tuya haya sido asimilada y acomodada a tus esquemas mentales como una "creencia significativa", es ahí recién cuando lo puedes transmitir a otros. De lo contrario, toda esa "energía" que te llevó formularla, lo gastarás en el decir, en ese gasto de aliento; y como consecuencia, perderá fuerza y perderás un valioso argumento a futuro.

:: Concebir, meditar e incorporar::

:Luego, transmitir:

sábado, 2 de mayo de 2009

Siempre tendremos "Londres" ...


Corría tranquilamente de retorno y yo a la siga escuchando música. Su imagen se perdía entre las sombras de la noche, su ritmo se difundía al compás de las hojas -inspiradas por el viento- y su energía se compenetraba con la naturaleza. Con los minutos y pasada la puesta del sol, el cielo se coloreó de un púrpura índigo y aparecieron las primeras estrellas, el viento estaba cargado por aquella frescura marcada de otoño, pero el clima aludía a secuelas de estación pasada. El verde de los árboles estaban teñidos de luz y sombras, los farolitos que alumbraban el camino de un tenue amarillo me daban una asombrosa sensación de transportarme, por alguna extraña razón y de manera ficticia, a Londres. Al Londres antiguo, al Londres místico con farolitos y autos Ford modelo A. La luna partida por la mitad y la frescura del viento acompañaba el sentimiento. Era todo una mezcla de estallidos visuales, destellos sutiles de luz amarilla que se mezclaba entre el negro de las sombras, el verde de las plantas y el violeta índigo del cielo. Todo un juego de luces y colores y tonalidades grises. Y ella seguía corriendo, inconsciente de mis distracciones, de mis sensaciones y seducciones, a pasos de llegar a esa entradita principal giratoria de madera apolillada, donde dejábamos atrás el mundillo místico y entrábamos de nuevo a la civilizada localidad. Aquella realidad tercermundista y cotidiana. Dejamos de correr, dejé de escuchar música y cruzamos aquel “Portal” de madera giratorio, que nos separaba de aquella dimensión representativa. Que nos separaba de las sensaciones significativas. Que nos separaba de Londres. Del Londres antiguo, Londres ficticio, de aquel Londres que nunca existió, pero que en mis realidades asociativas siempre estará allí cuando me atreva a cruzar aquel singular “portal”, junto a aquella mujer que me acompaña en estos viajes y que haces los suyos mientras se pierde entre las brisas del viento, las puestas de soles y las sombras de lunas. Aquella mujer de identidad oculta, compenetrada para y con la naturaleza que tal vez, y quién sabe, sea parte de toda esta realidad ficticia que una vez mi mente creó. Que estará allí, para volver a correr, cuando viaje de vuelta a Londres…

sábado, 11 de abril de 2009

Momentos de nostalgia e inspiración


Mi referente y musa alquilada en esta oportunidad eres tú. Aquella rubia que bajó aquella mañana por primera vez del autobús escolar a mi particular escuela al interior del valle, aquella que caminaba unidireccionalmente hacia la fila donde se encontraba mi curso, algo seria, algo desorientada. Aquella chica a la que me acerqué por primera vez para saludarla y presentarme, y que posteriormente me di cuenta que no fue muy apropiado ni oportuno, puesto que mi persona, a primera impresión, te cayó mal, por razones aparentes inexistentes de tu percepción. Sin embargo, esa idea, con el tiempo, se modificó en una amistad preciosa y atemporal. Aquellas que no se dan todos los días. Fuiste aquella amiga que nunca tuve, que siempre tuve y que no volveré a tener. Tu forma especial y singular de tratar a la gente, tu  mirada que lo decía todo, tus gustos por los profesores, tu simpatía atrayente para con los otros, y tu obsesión por tu cabello, sin contar tu humor singular y diferente, que provocaban estallidos de risas saliente de mi boca, son cosas que adjuntaré  para siempre mientras tenga vida y no sufra ninguna degeneración senil importante, en aquel rinconcito de la mente que se encuentra conectado con el corazón para el resto de mis tiempos. ¿Te parece si hacemos un breve (valga la redundancia) Flashback? Si no te importa, acá va: “Quiero aquellas tardes de  ocio y risa a tu lado, esas en donde hablábamos pavadas y estupideces sin sentido. Quiero volverte a escuchar hablar (Aunque me cargaba) de tus tan relucientes y admirables actores, esos que te fascinaban, aquellos que te quitaban el sueño, como también volver a oírte hablar de la serie "Lost" y de sus –según tú- geniales capítulos, de "Coldplay", de tu horrible rottweiler, jajaja, broma, de la injusticias y caza contra las ballenas, de tu racismo en contra los chinos, de tus fantasías -no eróticas - sobre la vida, sobre el futuro, de tu sueño de ser actriz de Hollywood de la mano con Josh Holloway y a su vez, ser una exitosa veterinaria o científica, de poder sentir tu personalidad egocéntrica, excéntrica y narcisista y tus constantes megalomanías, de mirarte al espejo y sonreír cuando contemplabas tu rubio cabello, cuando yo te molestaba diciendo que estaba más oscuro que antes y tu buscabas el sol para decir, No! mira, está rubio, y te enojabas con una sutil sonrisa. Sobre aquellas veces donde nos juntamos a ver una mala película e ir a comprar porquerías al supermercado... De nuestros constantes delirios de estar dentro de escenarios ficticios, como aquel Reality Show en donde tú interpretabas a la “perra estratega y manipuladora”, mientras yo decía que llegaría a la final, eras y eres mi complemento egocéntrico, aquella cualidad que      partió como un papel de actuación y que luego se nos salió de las manos, que se me salió de las manos. De planear tonterías de momentos, como aquella oportunidad cuando pasábamos por la universidad y nos dio por meternos y salir junto a otros dos estudiantes de física, a las sigas, hablando como “universitarios” creyéndonos el cuento, pero que nadie pagaba ni un peso por eso. De tu esencia de Evanescence que asocié a tu persona; las noches de campamentos y piscinas con los amigos, las conversaciones en clases, y las charlas que no revelaré acá. De tantas otras cosas que hacíamos junto, de imitar a los profesores, burlarnos y reírnos de las "aberraciones genéticas", de tocar el timbre y salir corriendo, jajaja, eso nunca lo hicimos, y de tantas otras cosas absurdas pero divertidas en aquellas épocas nortinas e inmaduras...”
¡¡Esa eras tú, este soy yo!! Qué bombazo ¿no? 
Te quiero mucho, lo sabes y lo repito. Espero que algún día nos volvamos a juntar y seguir con
nuestras conductas pendejas, pero para ese entonces ya con un cierto grado de madurez... que estos tres años nos ha otorgado...
Esto va para ti, mi apreciada, valorada, e invaluable Amiga, Camila M. Sos única. No pierdas tu esencia.  Lo sabes y te encanta. (Lo sé, jajaja [tirita el labio superior, jaja])


sábado, 28 de marzo de 2009

Latidos ...

Esto que voy a narrar aconteció un dia como hoy, pero tan lejano como ayer. No se debe a ninguna maldición de los dioses, ni a un fatal accidente de laboratorio. Simplemente sucedió. No sé cómo, ni cuándo, pero frente a excitaciones fuertes, mi nivel de cortisol en la sangre comienza a aumentar y mis latidos acelerar. Aquel órgano tan añorado, renombrado por poetas y antiguos compositores del mundo, paulatinamente se convierte en un corazón de cristal, y mis latidos, consecuencia de las mismas, en sonidos lamentosos de un ser puro y pasional.

...

El cielo estaba despejado como cualquier otro día y como resultado, se podía apreciar cómo  ínfimos pero majestuosos rayos del sol caían por encima de toda forma sobre la tierra, amplificando los colores y hermosura de las cosas. Miro las cosas, miro las nubes, miro el todo. Decidí dar un paseo.

Camino entre los cedros del Líbano, por las montañas del Tíbet, por los rincones de Nepal. Todo al parecer  solía  señalar una caminata tranquila. Pausada. Todo, con excepción de aquella horrorizada situación a unos metros de mí. Es Valentina, y no está sola, está con Emilio, el distinguido y renombrado archiduque de Venecia. Ambos de la mano recogiendo amapolas y riendo de lo loco. ¡Es extraño! No debería molestarme, pues ya hemos roto hace ocho meses. Cada uno escogió caminar por rumbos distintos;  no obstante, aquella escena removió algunas cajas en mi Ser. 

Me paralizé. Sudo. Fluyen escalofríos. Decido rápido. Me fui… corrí.

Mis latidos aumentaron, mi rabia y mis percepciones más remotas. Volvieron los replanteamientos, las autoreflexiones, y no llegaba a ninguna parte. Me detuve, pues sabía lo que me esperaba. Respiro, y continúo haciéndolo. Me calmo, o por lo menos, trato de hacerlo. Miro el horizonte. Comenzaron aquellas viejas y recónditas puntadas en mi pectoral izquierdo, sensaciones de dagas en el corazón, que iniciaban su fatal alteración, puesto que sin duda, comenzaba su transformación.

Subo por cerros y montañas, por praderas y colinas, desde los picos del Everest hasta las cumbres del Himalaya, allí, sentado debajo de una roca, mirando el mundo entre espesas nieblas y densas agitación. Solo lograba complicar mis ideas y mi imaginación. Tiritando de frío, titubeando de pudor. Las altas presiones comienzan a ejercer contracción en mí. Aún siento latir sangre caliente, pero será cosa de minutos que la transformación haya finalizado. 

Bajo, grito, golpeo cosas, caigo, y todo lo demás es oscuridad.

Despierto en las orillas de un arroyo al interior de un denso y verdoso follaje. Me levanto, miro mis heridas, miro mis harapos,   miro hacia atrás. Quiero llorar. La imagen de Valentina viene a mí una y otra vez junto al infame de Emilio. ¡Qué más da! No hay nadie mirándome, salvo aquella roca tapada en musgos frente a mí. Lloro. Mis lagrimas se confunden entre aguas de arrollo y mi llanto se mimetiza entre sonidos de cascadas. Soy un caos. Ahí me quedo algunos minutos, horas, rotaciones y traslaciones… finalizando quién sabe cúantas estaciones.  

Viajo, me escapo, no puedo más. Todo me molesta, todo me estresa. Imagino cosas, veo otras, me cuentan algunas y disgusto otras tantas.  Los celos me consumen. La rabia me ciega. El miedo me paraliza.

Mis latidos aumentan crecientemente mientras caminaba por el sendero de las rocas, piedras incrustadas en el talón, desvanecían el dolor en mi interior, salvo las constantes resonancias coronarias que agitaban mi andar y mi razón. Todo es confuso, inesperado. No sé para donde me dirijo, tal vez hacia mi propia muerte, o quizás a mi nueva vida (junto a otra valentina), ó, a una vida cíclica sin término de ruta. Y sin darme cuenta, llego a una pradera de robles, con cálidas brisas de occidente, con un olor inconfundible a menta y una inmensa laguna a la distancia sobrepoblada de todo tipo de aves. Es fantástico, mágico o tal vez utópico. Una paz asombrosa rodeaba mi alma y la visión de valentina se pierdía a lo lejos. Aquella bella obra del Señor me dejó atónito de tanto amor e inspiración. Todo era perfecto. No sabía dónde me encontraba, pero sí sabía que donde fuese, estaba lejos de todo lo malo e impuro de este mundo, no había contaminación, no había alteración, no había violencia, no había maldad ni emociones dañinas, solo "paz". Solo eso. 

Sin embargo, como consecuencia de aquel dolor impregnante que traía a tiempo, mis latidos se solidificaron,  se cristalizaron. El esperado, pero no añorado proceso finalizó su misión. Y en una bola de cristal su forma acabó. Pensé que al encontrar esta "tranquilidad" después de mucho  tiempo de viaje y dolor, se revertiría la sucesión... Pero no fue así.

La trágica obra de mi vida, mi supuesta y triste representación, su guión a la última hoja llegó. Ya no siento nada, ni frio, ni hambre, ni amor. El odio, la rabia y la pena de pronto acabó. Me he convertido en un monstruo, en un insensible, en un infeliz, si es que puedo definir la palabra. No siento nada. Me han arrebatado mis sentidos, y ni siquiera puedo sentir algún tipo de rencor por ello. No puedo detestar a Valentina ni maldecir a Emilio, pero sobretodo, no puedo enojarme conmigo mismo, por permitirme sufrir, por algo natural de la vida. Me han, me he arrebatado todo, hasta esa efímera paz y tranquilidad que obtuve "rentada"; se me deshizo como agua por los dedos, dejando solo un vacio. Un largo y oscuro vacio. 

Me recuesto en el pasto. Descanso. Me dejo llevar por aromas y fragancias. Aún me queda algo de fuerza y oxígeno por respirar. (Aunque tenga que hacer un esfuerzo sobrehumano). Extiendo mis extremidades, para sentir el pasto cálido en mi piel, miro al cielo, para ver lo inmenso que es el mundo. Mis pupilas han quedado fijas, mis parpados sin movimiento y mi mirada sin expresión. Percibo una amapola a mi costado, la arranco, la miro fríamente, la huelo, y la pongo en mi pecho. Valentina se recuesta a mi lado, me abraza y apoya su cabeza en mi pecho. Volvieron algunas emociones, volvieron viejos recuerdos, volvieron del pasado, volvieron al futuro; aterrizo. Me percato del presente, y valentina ya no está más. Sólo me ha dejado aquella marchitada flor en el pecho. Pecho, que de apoco se va trizando, que de a poco va dejando de sentir, que de a poco va dejando de latir… 

Miro al cielo, miro mi vida y ya no miro más nada.

Solo ha quedado una roca, cuyos latidos han quedado petrificados en esta historia de mi vida.

"Pon palabras al dolor, la pena que se caya, se guarda en el corazón hasta quemarlo"      ( SHAKESPEARE )


miércoles, 4 de marzo de 2009

Viaje de Retorno

Suena el despertador. 6:00 am. ¡Cinco minutos más! La madrugada vigente me mantuvo ordenando lo último, lo necesario, lo básico, para posteriormente darme cuenta en la sala de embarque de los siete kilos de sobrepeso. Preparo la ducha, le digo a la Maruja que me prepare un buen café y todo lo demás son detalles. Me visto, arreglo y me despido de mi familia. Me acompaña mi madre y mi hermano. Me subo al auto, minutos previos para calentar el motor, y las incesantes veces que me repite mi madre si llevo el pasaporte, dinero, documentos y numeros para ubicarme en santiago. Una y otra vez. Hacemos una oración, y en mitad del camino nos ponemos a conversar de lo último.

Prendo el equipo y pongo "I´m Yours" de Jason Mraz, tres veces como minimo de mi ultimo CD, y, luego de cargar petroleo, un pan tostado y 35 minutos de viaje, llegamos al aeropuerto. Los minutos pasaron rápido, tuve que sacar cosas de los bolsos de embarque para compensar el peso que llevaba en la mano, me despido con un fuerte abrazo, para luego realizar los precedimientos y subirme al avión.

Asiento 24C, junto con un fotógrafo mochilero, que había estado en Siria y Perú (y en cuanto otros lugares) y una chica a la ventanilla. Me entró la nostalgia, una que no había sentido los dos años anteriores... en fín, allí estaba, preparado para el despegue. Sospechosamente, mi conducta era semejante a  la de un sujeto que volaba por primera vez: incomodidad, preguntaba por todo, si podía prender el teléfono y otros aparatos electrónicos, si me podía desabrochar el cinturón, si me podía parar, etc, etc. Y en cuestión de minutos estaba quién sabe a cuantos pies de altura. Me pongo el mp3, saco a leer la revista que te da la linea aerea, y en eso, saco el telefono que me regaló mi hermano y tomo esta foto. Fotografía al interior del avión Lan Chile, 9:30 am. rumbo a santiago, punto geográfico, capital y ciudad transitoria antes de irme a Argentina para comenzar la nueva jornada de estudio...

Y todo lo demás, se narrará en su debido momento.

sábado, 6 de diciembre de 2008

CONTRA LAS ARENAS DE CRONOS






Cuatro de la mañana. Una noche cualquiera, sin nada que hacer, más que conversar contigo. Cómo pasa el tiempo, sin duda, volando, acá, hablando por chat. Qué risa, hemos estado dialogando aproximadamente dos horas, ¿de qué? Créeme, aun no lo sé. Nuestra conversación comenzó con las preguntas típicas, preguntas introductoras, para luego seguir con un tema cualquiera, que no duró más de lo que dura la flama en un cerillo, y sin darnos cuenta, pasar luego a otra totalmente radical. No seguía ninguna consecuente, disparaba para cualquier lado, y así, nos saltábamos de un tópico a otro. Desde lo rico que es el café a cómo te fue en el parcial, transitando desde política hasta navegar por religión, desde los colores de Venus hasta las lunas de Plutón. Que disconcordancia la nuestra, nada tenía sentido, pero todo a la vez, formaba uno. Este hilo conductor sin dirección específica me mantenía despierto, cuando solo tenía tres distintivos iconos amarillos en la polvorienta lista, que aun no termino por conocer, de los cuales estabas tú, un “no me acuerdo” y el es.encarta@botmetro.net, motivo por el cual, eras el anfitrión de la noche. De pronto las arenas de cronos comenzaron a surtir efecto en mí con mínimos bostezos, un peso distinto en mis parpados me recordaban las leyes de Newton y un estado de hipnotismo y aletargues rodearon mi mente. Pero aún así, quería seguir despierto. El frio vestía el ambiente, mis ojos secos se humedecían cada cinco minutos, la inestabilidad corporal me informaba de mi estado. Y de pronto, entré a una especie de histeria colectiva, yo y mis otros yo. De la nada y del todo, lo que escribía ya no tenía sentido, no coordinaba mi gramática, sintaxis, y para que decir la semántica. Desvestía una dislexia a causa del cansancio. Mi mente había entrado en un desfasaje y mis dedos eran consecuencia de las mismas. Y, después de unos minutos de rebeldía, encontré que no podía seguir luchando más con Cronos. Mi cuerpo me había soportado todo el día, y era hora de compensarlo. Fue ahí donde me rendí. Decidí que era tiempo de sumergirme en el océano onírico, y bucear allí por unas dos o tres horas… o quizás más; navegar por mi inconsciente y hacer una sutil regeneración espontánea a mis células somáticas y psíquicas. El reloj se había detenido en el tiempo, y el pájaro cucú había anunciado la hora de despedida… no era esto es un adiós, sino un “hasta pronto”. Las velas ya ardieron lo suficiente y no quería provocar un incendio, y, luego de un zumbido y tres iconos después, me largué. Cerré mi cuenta y dormí.

[NO CONCTADO]


jueves, 27 de noviembre de 2008

Dedicado para mi amigo "EL PAYASO"

En principio surgió por una pintura, un retrato… o mejor dicho, por un auto-retrato. Y todo lo demás fue psicoanálisis. Un psicoanálisis informal, pobre de método, infecundo de teoría… solo una forma de escuchar e interpretar… utilizar la empatía, la mera forma de ponerme en tu lugar, aunque ya tenía un conocimiento previo de tu persona.

Muchas veces jugamos a las escondidas. Uno cuenta y todos los demás se van a esconder en lo primero que ven y en lo que consideran “un buen escondite”. Algunos detrás de un árbol, otros debajo de un auto y muchos otros, detrás de una apariencia. Nos escondemos de nosotros mismos, nos escondemos para que no nos encuentren, para no mostrarnos tal cual somos. Lo hacemos para sentirnos protegidos, tranquilos (aún siendo una simple tranquilidad precaria), detrás de un “antifaz”, una vil máscara para resguardar nuestra identidad... una forma para no permitir que la gente nos conozca del todo; para confundir al espectador, para tener el control, para no estar vulnerables, para no recordar la inconformidad de tu persona…

Pero, ¿Que sucede? ¿De qué te escondes? ¿Por qué no dejas que la gente logre verte? ¿Qué hay de malo en ti? ¿A que le temes?...

Son las preguntas que debía responder un payaso. Un amigo.

¿De tantos disfraces, por qué de payaso? ¿Crees que es lo suficientemente bueno para lograr esconderte? Al parecer sí. Un payaso triste me dices tú, uno radicalmente diferente a los otros… pero, ¿No es que su función es hacernos reír? ¿Hacer tonteras?, entonces, ¿Por qué uno triste? ¿Por qué no quieres ser uno convencional? Es fácil: "no quieres sentirte obligado a actuar para ellos, como ellos quieren que actúes"…[interpretación analítica]
¿Crees que a través de esa extravagante peluca y kilos de maquillaje no podrán ver a la verdadera persona que se encuentra escondida detrás? La forma de payaso es una manera segura de ocultarte, guardarte, y que, con cualquier otro disfraz, sentirías que no bastaría para lograrlo… ¿cierto?
Lo del payaso es un detalle, solo una manera concreta de cubrirte, un medio para manipular las apariencias…

Es verdad, en muchas ocasiones no admitimos cosas, porque no nos gusta como suenan, no mostramos todo, porque no nos gusta cómo se ven. No dejamos salir a la superficie toda la verdad, porque nos produce malestar… buscamos como dices tú, escudos más aptos, mas estabilizadores, para poder seguir caminando en esta vida; así nos sentimos más tranquilos, porque les mostramos a los otros algo agradable, porque nos mostramos a nosotros mismos algo más agradable. Somos atractivos, encantadores o, simples disimuladores. Pero cuando nos detenemos un rato… sabemos que no lo somos, sino que fuimos un payaso más todo el día, una marioneta social, un juguete creado por nuestra imaginación, un auto-retrato con sobre montajes y que, cuando cae la noche y todos se van a sus casas, cuando logramos estar solos, es ahí donde se acaban nuestras caretas, es ahí donde nos sacamos la extravagante peluca, nos quitamos el pintoresco maquillaje, es ahí donde logramos dormir, porque es recién ahí, donde nos encontramos. Nos miramos al espejo y sabemos lo que vemos, a nosotros… nosotros mismos, sin maquillaje, sin peluca, sin caretas… alguien indefenso que se oculta para que no lo encuentren, pero que, tarde o temprano, lo hacen… 
“1, 2, 3…. ¡Por mí y por mis compañeros!”…
Game over

(Esto está escrito para todos los que usan disfraces confortables en sus vidas. Apariencias en el día y tristezas por la noche… pero sobre todo, esto esta escrito para ti, mi buen amigo “el payaso”)
[No te preocupes, ¡Animo!, con la ayuda de Dios lograremos para siempre, guardar ese disfraz en el armario, dejarlo ahí y no sacarlo más]