sábado, 11 de abril de 2009

Momentos de nostalgia e inspiración


Mi referente y musa alquilada en esta oportunidad eres tú. Aquella rubia que bajó aquella mañana por primera vez del autobús escolar a mi particular escuela al interior del valle, aquella que caminaba unidireccionalmente hacia la fila donde se encontraba mi curso, algo seria, algo desorientada. Aquella chica a la que me acerqué por primera vez para saludarla y presentarme, y que posteriormente me di cuenta que no fue muy apropiado ni oportuno, puesto que mi persona, a primera impresión, te cayó mal, por razones aparentes inexistentes de tu percepción. Sin embargo, esa idea, con el tiempo, se modificó en una amistad preciosa y atemporal. Aquellas que no se dan todos los días. Fuiste aquella amiga que nunca tuve, que siempre tuve y que no volveré a tener. Tu forma especial y singular de tratar a la gente, tu  mirada que lo decía todo, tus gustos por los profesores, tu simpatía atrayente para con los otros, y tu obsesión por tu cabello, sin contar tu humor singular y diferente, que provocaban estallidos de risas saliente de mi boca, son cosas que adjuntaré  para siempre mientras tenga vida y no sufra ninguna degeneración senil importante, en aquel rinconcito de la mente que se encuentra conectado con el corazón para el resto de mis tiempos. ¿Te parece si hacemos un breve (valga la redundancia) Flashback? Si no te importa, acá va: “Quiero aquellas tardes de  ocio y risa a tu lado, esas en donde hablábamos pavadas y estupideces sin sentido. Quiero volverte a escuchar hablar (Aunque me cargaba) de tus tan relucientes y admirables actores, esos que te fascinaban, aquellos que te quitaban el sueño, como también volver a oírte hablar de la serie "Lost" y de sus –según tú- geniales capítulos, de "Coldplay", de tu horrible rottweiler, jajaja, broma, de la injusticias y caza contra las ballenas, de tu racismo en contra los chinos, de tus fantasías -no eróticas - sobre la vida, sobre el futuro, de tu sueño de ser actriz de Hollywood de la mano con Josh Holloway y a su vez, ser una exitosa veterinaria o científica, de poder sentir tu personalidad egocéntrica, excéntrica y narcisista y tus constantes megalomanías, de mirarte al espejo y sonreír cuando contemplabas tu rubio cabello, cuando yo te molestaba diciendo que estaba más oscuro que antes y tu buscabas el sol para decir, No! mira, está rubio, y te enojabas con una sutil sonrisa. Sobre aquellas veces donde nos juntamos a ver una mala película e ir a comprar porquerías al supermercado... De nuestros constantes delirios de estar dentro de escenarios ficticios, como aquel Reality Show en donde tú interpretabas a la “perra estratega y manipuladora”, mientras yo decía que llegaría a la final, eras y eres mi complemento egocéntrico, aquella cualidad que      partió como un papel de actuación y que luego se nos salió de las manos, que se me salió de las manos. De planear tonterías de momentos, como aquella oportunidad cuando pasábamos por la universidad y nos dio por meternos y salir junto a otros dos estudiantes de física, a las sigas, hablando como “universitarios” creyéndonos el cuento, pero que nadie pagaba ni un peso por eso. De tu esencia de Evanescence que asocié a tu persona; las noches de campamentos y piscinas con los amigos, las conversaciones en clases, y las charlas que no revelaré acá. De tantas otras cosas que hacíamos junto, de imitar a los profesores, burlarnos y reírnos de las "aberraciones genéticas", de tocar el timbre y salir corriendo, jajaja, eso nunca lo hicimos, y de tantas otras cosas absurdas pero divertidas en aquellas épocas nortinas e inmaduras...”
¡¡Esa eras tú, este soy yo!! Qué bombazo ¿no? 
Te quiero mucho, lo sabes y lo repito. Espero que algún día nos volvamos a juntar y seguir con
nuestras conductas pendejas, pero para ese entonces ya con un cierto grado de madurez... que estos tres años nos ha otorgado...
Esto va para ti, mi apreciada, valorada, e invaluable Amiga, Camila M. Sos única. No pierdas tu esencia.  Lo sabes y te encanta. (Lo sé, jajaja [tirita el labio superior, jaja])


sábado, 28 de marzo de 2009

Latidos ...

Esto que voy a narrar aconteció un dia como hoy, pero tan lejano como ayer. No se debe a ninguna maldición de los dioses, ni a un fatal accidente de laboratorio. Simplemente sucedió. No sé cómo, ni cuándo, pero frente a excitaciones fuertes, mi nivel de cortisol en la sangre comienza a aumentar y mis latidos acelerar. Aquel órgano tan añorado, renombrado por poetas y antiguos compositores del mundo, paulatinamente se convierte en un corazón de cristal, y mis latidos, consecuencia de las mismas, en sonidos lamentosos de un ser puro y pasional.

...

El cielo estaba despejado como cualquier otro día y como resultado, se podía apreciar cómo  ínfimos pero majestuosos rayos del sol caían por encima de toda forma sobre la tierra, amplificando los colores y hermosura de las cosas. Miro las cosas, miro las nubes, miro el todo. Decidí dar un paseo.

Camino entre los cedros del Líbano, por las montañas del Tíbet, por los rincones de Nepal. Todo al parecer  solía  señalar una caminata tranquila. Pausada. Todo, con excepción de aquella horrorizada situación a unos metros de mí. Es Valentina, y no está sola, está con Emilio, el distinguido y renombrado archiduque de Venecia. Ambos de la mano recogiendo amapolas y riendo de lo loco. ¡Es extraño! No debería molestarme, pues ya hemos roto hace ocho meses. Cada uno escogió caminar por rumbos distintos;  no obstante, aquella escena removió algunas cajas en mi Ser. 

Me paralizé. Sudo. Fluyen escalofríos. Decido rápido. Me fui… corrí.

Mis latidos aumentaron, mi rabia y mis percepciones más remotas. Volvieron los replanteamientos, las autoreflexiones, y no llegaba a ninguna parte. Me detuve, pues sabía lo que me esperaba. Respiro, y continúo haciéndolo. Me calmo, o por lo menos, trato de hacerlo. Miro el horizonte. Comenzaron aquellas viejas y recónditas puntadas en mi pectoral izquierdo, sensaciones de dagas en el corazón, que iniciaban su fatal alteración, puesto que sin duda, comenzaba su transformación.

Subo por cerros y montañas, por praderas y colinas, desde los picos del Everest hasta las cumbres del Himalaya, allí, sentado debajo de una roca, mirando el mundo entre espesas nieblas y densas agitación. Solo lograba complicar mis ideas y mi imaginación. Tiritando de frío, titubeando de pudor. Las altas presiones comienzan a ejercer contracción en mí. Aún siento latir sangre caliente, pero será cosa de minutos que la transformación haya finalizado. 

Bajo, grito, golpeo cosas, caigo, y todo lo demás es oscuridad.

Despierto en las orillas de un arroyo al interior de un denso y verdoso follaje. Me levanto, miro mis heridas, miro mis harapos,   miro hacia atrás. Quiero llorar. La imagen de Valentina viene a mí una y otra vez junto al infame de Emilio. ¡Qué más da! No hay nadie mirándome, salvo aquella roca tapada en musgos frente a mí. Lloro. Mis lagrimas se confunden entre aguas de arrollo y mi llanto se mimetiza entre sonidos de cascadas. Soy un caos. Ahí me quedo algunos minutos, horas, rotaciones y traslaciones… finalizando quién sabe cúantas estaciones.  

Viajo, me escapo, no puedo más. Todo me molesta, todo me estresa. Imagino cosas, veo otras, me cuentan algunas y disgusto otras tantas.  Los celos me consumen. La rabia me ciega. El miedo me paraliza.

Mis latidos aumentan crecientemente mientras caminaba por el sendero de las rocas, piedras incrustadas en el talón, desvanecían el dolor en mi interior, salvo las constantes resonancias coronarias que agitaban mi andar y mi razón. Todo es confuso, inesperado. No sé para donde me dirijo, tal vez hacia mi propia muerte, o quizás a mi nueva vida (junto a otra valentina), ó, a una vida cíclica sin término de ruta. Y sin darme cuenta, llego a una pradera de robles, con cálidas brisas de occidente, con un olor inconfundible a menta y una inmensa laguna a la distancia sobrepoblada de todo tipo de aves. Es fantástico, mágico o tal vez utópico. Una paz asombrosa rodeaba mi alma y la visión de valentina se pierdía a lo lejos. Aquella bella obra del Señor me dejó atónito de tanto amor e inspiración. Todo era perfecto. No sabía dónde me encontraba, pero sí sabía que donde fuese, estaba lejos de todo lo malo e impuro de este mundo, no había contaminación, no había alteración, no había violencia, no había maldad ni emociones dañinas, solo "paz". Solo eso. 

Sin embargo, como consecuencia de aquel dolor impregnante que traía a tiempo, mis latidos se solidificaron,  se cristalizaron. El esperado, pero no añorado proceso finalizó su misión. Y en una bola de cristal su forma acabó. Pensé que al encontrar esta "tranquilidad" después de mucho  tiempo de viaje y dolor, se revertiría la sucesión... Pero no fue así.

La trágica obra de mi vida, mi supuesta y triste representación, su guión a la última hoja llegó. Ya no siento nada, ni frio, ni hambre, ni amor. El odio, la rabia y la pena de pronto acabó. Me he convertido en un monstruo, en un insensible, en un infeliz, si es que puedo definir la palabra. No siento nada. Me han arrebatado mis sentidos, y ni siquiera puedo sentir algún tipo de rencor por ello. No puedo detestar a Valentina ni maldecir a Emilio, pero sobretodo, no puedo enojarme conmigo mismo, por permitirme sufrir, por algo natural de la vida. Me han, me he arrebatado todo, hasta esa efímera paz y tranquilidad que obtuve "rentada"; se me deshizo como agua por los dedos, dejando solo un vacio. Un largo y oscuro vacio. 

Me recuesto en el pasto. Descanso. Me dejo llevar por aromas y fragancias. Aún me queda algo de fuerza y oxígeno por respirar. (Aunque tenga que hacer un esfuerzo sobrehumano). Extiendo mis extremidades, para sentir el pasto cálido en mi piel, miro al cielo, para ver lo inmenso que es el mundo. Mis pupilas han quedado fijas, mis parpados sin movimiento y mi mirada sin expresión. Percibo una amapola a mi costado, la arranco, la miro fríamente, la huelo, y la pongo en mi pecho. Valentina se recuesta a mi lado, me abraza y apoya su cabeza en mi pecho. Volvieron algunas emociones, volvieron viejos recuerdos, volvieron del pasado, volvieron al futuro; aterrizo. Me percato del presente, y valentina ya no está más. Sólo me ha dejado aquella marchitada flor en el pecho. Pecho, que de apoco se va trizando, que de a poco va dejando de sentir, que de a poco va dejando de latir… 

Miro al cielo, miro mi vida y ya no miro más nada.

Solo ha quedado una roca, cuyos latidos han quedado petrificados en esta historia de mi vida.

"Pon palabras al dolor, la pena que se caya, se guarda en el corazón hasta quemarlo"      ( SHAKESPEARE )


miércoles, 4 de marzo de 2009

Viaje de Retorno

Suena el despertador. 6:00 am. ¡Cinco minutos más! La madrugada vigente me mantuvo ordenando lo último, lo necesario, lo básico, para posteriormente darme cuenta en la sala de embarque de los siete kilos de sobrepeso. Preparo la ducha, le digo a la Maruja que me prepare un buen café y todo lo demás son detalles. Me visto, arreglo y me despido de mi familia. Me acompaña mi madre y mi hermano. Me subo al auto, minutos previos para calentar el motor, y las incesantes veces que me repite mi madre si llevo el pasaporte, dinero, documentos y numeros para ubicarme en santiago. Una y otra vez. Hacemos una oración, y en mitad del camino nos ponemos a conversar de lo último.

Prendo el equipo y pongo "I´m Yours" de Jason Mraz, tres veces como minimo de mi ultimo CD, y, luego de cargar petroleo, un pan tostado y 35 minutos de viaje, llegamos al aeropuerto. Los minutos pasaron rápido, tuve que sacar cosas de los bolsos de embarque para compensar el peso que llevaba en la mano, me despido con un fuerte abrazo, para luego realizar los precedimientos y subirme al avión.

Asiento 24C, junto con un fotógrafo mochilero, que había estado en Siria y Perú (y en cuanto otros lugares) y una chica a la ventanilla. Me entró la nostalgia, una que no había sentido los dos años anteriores... en fín, allí estaba, preparado para el despegue. Sospechosamente, mi conducta era semejante a  la de un sujeto que volaba por primera vez: incomodidad, preguntaba por todo, si podía prender el teléfono y otros aparatos electrónicos, si me podía desabrochar el cinturón, si me podía parar, etc, etc. Y en cuestión de minutos estaba quién sabe a cuantos pies de altura. Me pongo el mp3, saco a leer la revista que te da la linea aerea, y en eso, saco el telefono que me regaló mi hermano y tomo esta foto. Fotografía al interior del avión Lan Chile, 9:30 am. rumbo a santiago, punto geográfico, capital y ciudad transitoria antes de irme a Argentina para comenzar la nueva jornada de estudio...

Y todo lo demás, se narrará en su debido momento.

sábado, 6 de diciembre de 2008

CONTRA LAS ARENAS DE CRONOS






Cuatro de la mañana. Una noche cualquiera, sin nada que hacer, más que conversar contigo. Cómo pasa el tiempo, sin duda, volando, acá, hablando por chat. Qué risa, hemos estado dialogando aproximadamente dos horas, ¿de qué? Créeme, aun no lo sé. Nuestra conversación comenzó con las preguntas típicas, preguntas introductoras, para luego seguir con un tema cualquiera, que no duró más de lo que dura la flama en un cerillo, y sin darnos cuenta, pasar luego a otra totalmente radical. No seguía ninguna consecuente, disparaba para cualquier lado, y así, nos saltábamos de un tópico a otro. Desde lo rico que es el café a cómo te fue en el parcial, transitando desde política hasta navegar por religión, desde los colores de Venus hasta las lunas de Plutón. Que disconcordancia la nuestra, nada tenía sentido, pero todo a la vez, formaba uno. Este hilo conductor sin dirección específica me mantenía despierto, cuando solo tenía tres distintivos iconos amarillos en la polvorienta lista, que aun no termino por conocer, de los cuales estabas tú, un “no me acuerdo” y el es.encarta@botmetro.net, motivo por el cual, eras el anfitrión de la noche. De pronto las arenas de cronos comenzaron a surtir efecto en mí con mínimos bostezos, un peso distinto en mis parpados me recordaban las leyes de Newton y un estado de hipnotismo y aletargues rodearon mi mente. Pero aún así, quería seguir despierto. El frio vestía el ambiente, mis ojos secos se humedecían cada cinco minutos, la inestabilidad corporal me informaba de mi estado. Y de pronto, entré a una especie de histeria colectiva, yo y mis otros yo. De la nada y del todo, lo que escribía ya no tenía sentido, no coordinaba mi gramática, sintaxis, y para que decir la semántica. Desvestía una dislexia a causa del cansancio. Mi mente había entrado en un desfasaje y mis dedos eran consecuencia de las mismas. Y, después de unos minutos de rebeldía, encontré que no podía seguir luchando más con Cronos. Mi cuerpo me había soportado todo el día, y era hora de compensarlo. Fue ahí donde me rendí. Decidí que era tiempo de sumergirme en el océano onírico, y bucear allí por unas dos o tres horas… o quizás más; navegar por mi inconsciente y hacer una sutil regeneración espontánea a mis células somáticas y psíquicas. El reloj se había detenido en el tiempo, y el pájaro cucú había anunciado la hora de despedida… no era esto es un adiós, sino un “hasta pronto”. Las velas ya ardieron lo suficiente y no quería provocar un incendio, y, luego de un zumbido y tres iconos después, me largué. Cerré mi cuenta y dormí.

[NO CONCTADO]


jueves, 27 de noviembre de 2008

Dedicado para mi amigo "EL PAYASO"

En principio surgió por una pintura, un retrato… o mejor dicho, por un auto-retrato. Y todo lo demás fue psicoanálisis. Un psicoanálisis informal, pobre de método, infecundo de teoría… solo una forma de escuchar e interpretar… utilizar la empatía, la mera forma de ponerme en tu lugar, aunque ya tenía un conocimiento previo de tu persona.

Muchas veces jugamos a las escondidas. Uno cuenta y todos los demás se van a esconder en lo primero que ven y en lo que consideran “un buen escondite”. Algunos detrás de un árbol, otros debajo de un auto y muchos otros, detrás de una apariencia. Nos escondemos de nosotros mismos, nos escondemos para que no nos encuentren, para no mostrarnos tal cual somos. Lo hacemos para sentirnos protegidos, tranquilos (aún siendo una simple tranquilidad precaria), detrás de un “antifaz”, una vil máscara para resguardar nuestra identidad... una forma para no permitir que la gente nos conozca del todo; para confundir al espectador, para tener el control, para no estar vulnerables, para no recordar la inconformidad de tu persona…

Pero, ¿Que sucede? ¿De qué te escondes? ¿Por qué no dejas que la gente logre verte? ¿Qué hay de malo en ti? ¿A que le temes?...

Son las preguntas que debía responder un payaso. Un amigo.

¿De tantos disfraces, por qué de payaso? ¿Crees que es lo suficientemente bueno para lograr esconderte? Al parecer sí. Un payaso triste me dices tú, uno radicalmente diferente a los otros… pero, ¿No es que su función es hacernos reír? ¿Hacer tonteras?, entonces, ¿Por qué uno triste? ¿Por qué no quieres ser uno convencional? Es fácil: "no quieres sentirte obligado a actuar para ellos, como ellos quieren que actúes"…[interpretación analítica]
¿Crees que a través de esa extravagante peluca y kilos de maquillaje no podrán ver a la verdadera persona que se encuentra escondida detrás? La forma de payaso es una manera segura de ocultarte, guardarte, y que, con cualquier otro disfraz, sentirías que no bastaría para lograrlo… ¿cierto?
Lo del payaso es un detalle, solo una manera concreta de cubrirte, un medio para manipular las apariencias…

Es verdad, en muchas ocasiones no admitimos cosas, porque no nos gusta como suenan, no mostramos todo, porque no nos gusta cómo se ven. No dejamos salir a la superficie toda la verdad, porque nos produce malestar… buscamos como dices tú, escudos más aptos, mas estabilizadores, para poder seguir caminando en esta vida; así nos sentimos más tranquilos, porque les mostramos a los otros algo agradable, porque nos mostramos a nosotros mismos algo más agradable. Somos atractivos, encantadores o, simples disimuladores. Pero cuando nos detenemos un rato… sabemos que no lo somos, sino que fuimos un payaso más todo el día, una marioneta social, un juguete creado por nuestra imaginación, un auto-retrato con sobre montajes y que, cuando cae la noche y todos se van a sus casas, cuando logramos estar solos, es ahí donde se acaban nuestras caretas, es ahí donde nos sacamos la extravagante peluca, nos quitamos el pintoresco maquillaje, es ahí donde logramos dormir, porque es recién ahí, donde nos encontramos. Nos miramos al espejo y sabemos lo que vemos, a nosotros… nosotros mismos, sin maquillaje, sin peluca, sin caretas… alguien indefenso que se oculta para que no lo encuentren, pero que, tarde o temprano, lo hacen… 
“1, 2, 3…. ¡Por mí y por mis compañeros!”…
Game over

(Esto está escrito para todos los que usan disfraces confortables en sus vidas. Apariencias en el día y tristezas por la noche… pero sobre todo, esto esta escrito para ti, mi buen amigo “el payaso”)
[No te preocupes, ¡Animo!, con la ayuda de Dios lograremos para siempre, guardar ese disfraz en el armario, dejarlo ahí y no sacarlo más]

domingo, 26 de octubre de 2008

PLACERES FREAK

Mientras veía una película francesa, me quedé fijado en una parte donde mostraba a una chica que disfrutaba cada vez que iba al mercado, meter sus manos en un saco de… no recuerdo si eran de legumbres o de frutos secos. También por las tardes le encantaba tirar piedras en un arroyo y quebrar con la cuchara la superficie crujiente de los postres. Independiente de todo el contenido psicológico que tenía ese films, me puse a pensar en esos pequeños placeres que cada uno tiene debajo de su almohada. Cuando me refiero al término “placeres freak”, no me refiero a placeres locos o distorsionados, sino más bien a una especie de conductas interpretadas por cada uno como fuentes de bienestar, diferenciado totalmente a las que son conocidas por la sociedad de cada cultura.
Los placeres convencionales para algunos son el chocolate, el dormir, el sexo, la comida, un baño de tina y los placeres culpables: el alcohol, el tabaco, la velocidad, de vuelta el chocolate, etc. Sin embargo, existe un mundillo paralelo a este, regido por el mismo principio: “El placer”.
Los placeres freak son deleites de gran valor para el sujeto, pero cómico para el resto de las demás personas. Por eso se mantiene guardado bajo la privacidad, solo contado a los más cercanos en esos momentos donde el ambiente es grato y se cuentan cosas graciosas, y uno quiere contar lo más estúpido que le ha pasado o ha hecho, y viene otro que lo quiere superar… y así.
Ahora, escribiré algunos que me fueron contados bajo confidencia, pero que me permitieron narrarlo en este blog. Por eso, para guardar su identidad ante el escrutinio público, sus nombres serán remplazados por símbolos, pero sus placeres expuestos de forma abierta ante ustedes a modo de ejemplo.
Este es el caso de paz, una chica que le encanta desde pequeña, cuando va a casas ajenas, morder jabones. Le encanta morderlos, pero dejó bien en claro que no cualquiera, sino los que tienen colores más llamativos y rico olores.
Alegría, disfruta tocar cabellos de otros, meter su mano por el cuero cabelludo y acariciarlo. No obstante, también dejó en claro, siempre y cuando se vea limpio y sedoso.
Pereza, que me relató algo, no sé si bien es un placer freak o un capricho adrenalínico, pero lo cuento igual. Le gusta cuando va caminando por la ruta, acostarse rápidamente en ella, antes que pasen los autos.
¿Consideran que son suficientemente "freak"? No lo creo, si ustedes tienen alguno, de seguro que sí, o más de uno, y creen que pueden superar a los anteriores, escríbanlo con toda confianza en la sección de “comentarios”. Ahora, si les da mucha vergüenza, ponga la opción de “anónimo”. Veamos cuan "Freak" pueden ser sus placeres...

Mesa para uno

Disfrutando del nuevo individualismo. De pasar tiempo con gente sin dependencia alguna.
Cuando te desligas de los demás, cuando aprendes a no depender de otros para pasarlo bien, cuando cortas el cordón umbilical y sabes realmente que significa “independencia”, cuando aprendes a desconectarte del mundo… es ahí donde comienza la belleza de la soledad. La libertad de hacer lo que quieras en función de tu criterio. Más tiempo para leer, más tiempo de ver películas con enigmas y poder retroceder todas las veces que quieras hasta entender la escena, más tiempo para organizarte, para el estudio, para escribir, para el arte, y todo lo que a uno se le ocurra. Más tiempo para reflexionar, conocer nueva gente, recurrir a los amigos que dejaste en espera en la tintorería y disfrutar de su compañía, de ir en tu vida a la frecuencia y velocidad que más me apetece. De estar más callado, y escuchar lo que hay en el entorno… y comprenderlo.
Es así, necesitamos tiempo para compartir y tiempo para nosotros mismo. Cuando estamos constantemente con los demás tendemos a olvidarnos de nuestros momentos a sola. Cuando estamos solos, retornamos a las actividades que habitualmente no hacemos rodeado de individuos, o por lo menos, no le dedicamos el tiempo necesario. Pero cuando pasamos mucho tiempo en soledad, extrañamos a los otros. Y nos vamos saltando de polo en polo. Hasta que encontramos el punto medio, la línea ecuatorial, cosa que es mucho más satisfactorio. Pero algunos, como yo, suelen ser algo más extremistas. Por lo que recurro de vez en cuando a escaparme de la sociedad, de su ruido y refugiarme en el Tíbet yoico. Pero no hay que ser cínicos, mucho rato en soledad aburre, por lo que vuelvo a integrarme a la masa, lo que muchas veces, como consecuencia, encuentro algunos cambios. Pero me adapto, como lo hecho siempre. Sin embargo, en estos momentos disfruto de una mesa para uno.

sábado, 4 de octubre de 2008

1+1= 2 Décadas

Eran las 00:00 hrs. de una calurosa noche primaveral. El tiempo había llamado a la puerta. Era de esperarse… "las dos décadas". Presentía en estos días su visita, rumores, solo que no imaginaba su permanencia. Nos miramos cara a cara por unos segundos. Fingía que no me importaba su presencia, disimulaba mi expresión ambigua... pero estaba ahí, frente a mí, fuera de la puerta. Le invité a pasar y a conversar un poco. Hablamos de la vida, de la vida recordada y resaltada. De estos veinte años. Pero ¿veinte años de qué?... ¿De alegrías?, más de una ocasión. ¿Tristezas?, posiblemente. ¿Añoranzas?, Quien sabe. ¿Ensoñaciones?, en cada momento. ¿Miedos?, naturalmente. ¿Fortalezas?, definir exactamente. ¿Inseguridades?, como cualquiera. ¿Autonomía e independencia? Sin duda… Y fue justo ahí cuando me di cuenta que se había cerrado un ciclo. Estos veinte años estuvieron para concretar una quinta parte de todas las decisiones. Mis decisiones. Una que inmiscuía a la infancia, adolescencia, y ahora a la adultez. Los primeros años de esta juventud algo más madura que el ayer.
¡Veinte años!… ¡veinte años!… ¿será necesario repetirlo varias veces para creerlo? No es nada. Todavía un impúber. ¿O ya debería empezar a reconocerme como un adulto?... es ambiguo el sentimiento. Me siento y me comporto muchas veces como un infante, pero por otro lado, veo que se aproximan presiones sociales desde el oriente y poniente para situarme como alguien que ya tiene responsabilidades.
Entré a una especie de crisis sutil. No es el hecho de la edad en sí, sino la forma en que transcurre el tiempo. Hasta ayer, el ayer, me encontraba jugando en la tierra, imaginando realidades efímeras, dando vida a objetos inanimados, deduciendo cosas más allá de la razón, como que el sol se escondía para descansar en las profundidades del mar cuando observaba los atardeceres en la costa, cuando solía preparar estrategias para atrapar a papa Noel en Nochebuena sin resultado alguno, cuando abría un obsequio y lo hacía con ansias para ver que juguete era , cuando aún estaba apto para saltar en las camas saltarinas y tirarme por los toboganes, cuando vivía en mi burbuja infantil, y ahora, me sometía al presente. Veinte años. Que en realidad se siente que fue menos por todo este tema psicológico de la amnesia infantil.
…Ya era algo tarde, de una manera persuasiva dejé que el tiempo se despidiera, y otra, se quedara. Al día siguiente, fue un día como cualquier otro, con la diferencia que caminaba con un año más encima. No obstante, desperté algo choqueado, en un sentido figurado. Sabía “objetivamente” que tenía veinte, pero aun sentía que me encontraba parado en la década anterior. Cada abrazo del día, cada felicitación, cada saludo, fue una manera de hacerme aceptar la realidad. Una forma de no olvido y refuerzo para que tu “yo” comience a internalizar y a identificarse como alguien que ya está en la era veinteañera.
Es gracioso, desperté aquel día algo incómodo, algo susceptible, con la sensación que tenía en la frente impregnado un cartel que anunciaba mi cumpleaños, pensando que cada extraño que pasaba lo percibía. De algún modo esperas que todos se acuerden de tu día, pero al final recuerdas que solo tus verdaderos amigos y familiares son los que lo tienen resaltado en el calendario. Fue recién al día subsiguiente que desperté con una sensación más calmada y agradable. Encontré el sol más brillante que otros días y respiraba un aire diferente, ese aire que solo se respira a los veinte. Ahora oficialmente puedo decir que tengo dos décadas.
Aquí es donde realmente comienza la verdadera vida. Un nuevo nacimiento. Solo este giro repentino, crea un poco el desequilibrio. De los veinte hacia atrás, fue solo una especie de entrenamiento de desarrollo fisiológico-evolutivo-cognitivo-emocional, para poder entrar a una realidad distinta, a una realidad que solo se da después de los veinte, una que aún desconozco, pero que se irá dando de forma paulatina. Acá es el comienzo de grandes cosas… desde ahora y desde aquí…ya abandoné para siempre los diecitanto… comencé una nueva década.
Esta ante mi presencia el inicio de un nuevo mundo… visualizo, estructuro, imagino… cómo será estos diez años por venir… este es la época, en donde los tres tiempos se mezclan, sigo viviendo el presente de una forma igual al ayer, sobrellevando un duelo por el pasado, y proyectando de forma anhelosa las vicisitudes del futuro.
Las velas han sido sopladas y los deseos pedidos… y la vida continúa tal cual como hace 24 horas atrás. Hoy me preocupo de seguir, de avanza, de reconocer que ya tengo veinte años, de las cosas simples y detalladas. Pero eso sí, ya tengo una cita a medianoche del próximo veinticinco de septiembre, cuando el tiempo vuelva a tocar a la puerta, solo que esta vez, será esperada, protocolar y cortés.
Si este ensayo fue para los veinte… imagínense para los treinta… jajaja
Las veinte velas han sido apagadas.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Encantos do Brasil




Barriendo y sacudiendo cosas en mi memoria, saco pequeñas nociones de aquel país más grande de Sudamérica que quiero dejar plasmado en palabras. Son pequeños episodios entrecortados sin ninguna secuencia lineal, flash back teñidos de olores, colores, esencias y alguno que otro momento indescriptible.
Sao Pablo. Zona rural. Siglo XX, a pasos del siguiente milenio. Rodeado de verde y más verde, ante la presencia de gente extraña hablando un idioma extraño. Ahí fue donde conocí a Jack, el rottweiler, el primero que vi en la vida; a ese gigantesco saliendo debajo de la mesa de aquel particular restaurant, con su enorme cabeza y sus tres distintivos pelos blancos a la altura de la sien, haciendo que saltara tres pasos hacia atrás por el susto. Aquellas inolvidables veces donde el muy miserable se recostaba en la escalera para no dejarme subir y, en ocasiones, bajar...
Vuelvo a mí. Estoy frente al notebook tecleando los últimos puntos, cuando se viene otro episodio.
Clima templado. Lluvia primaveral, en su declive se desprende un exquisito olor a selva húmeda y el chucherío a la distancia de las aves. No puedo dejar atrás esas dos cuadras que caminaba en busca de una choza entretejida de paja y bambú, donde disfrutaba un litro de aquel extracto de caña de azúcar. A solo un “Real”. Algo tan rudimentario pero a la vez tan tecnológico, esa vieja y oxidada máquina que estrujaba aquellas cañas y que daba como resultado un concentrado no apto para diabéticos.
Esas golosinas que sacaba del estante con el único fin de obtener los sticker y así coleccionar los personajes de la Warner Bros que tarde o temprano perdía.
Las innumerables ocasiones en que me escapaba a jugar playstation a un local donde lo único que me lograban entender eran los juegos que le indicaba con el dedo para jugar. Aquella señora, dueña del recinto, mujer no más de cuarenta años, de tez achocolatado y cabello trenzado, que irradiaba alegría, en donde continuamente mostraba su juego dental algo deteriorado sin los jugadores delanteros, no obstante, su sonrisa primordiaba.
Y para finalizar, la vez donde nos íbamos camino al aeropuerto, para darnos cuenta allá que nuestro avión estaba ya a más de mil pies de altura. Pobres de ellos que tuvieron que pagar dólares de más para cambiar el pasaje, bien de mí que tuve, junto con el resto, que quedarnos tres benditos días más en aquel exótico lugar. Y la rutina… ustedes ya lo saben.



Sol, palmeiras e praias... sejão bem vindos a Brasil

domingo, 31 de agosto de 2008

Noche de Melancolía


La noche estaba sensacional. Pedí unos minutos para estar afuera. Me sentía algo melancólico por alguna razón que no comprendía. Quería estar por un momento solo, pero no apartado. Nada mejor que a las afuera de una noche cálida con brisas frescas. Una instancia para estar solo, para pensar en nada, para hacer nada, distraerme de las cosas, en donde la sensación del viento renovaba… relajaba. Quería hablar con alguien, pero a la vez quería estar en silencio, quería que alguien me ayudara a hacer introspección, pero a la vez no quería que nadie se entrometiera en este sentimiento. Uno que al parecer, suele ser rechazado por los demás, pero que ocasiones es algo necesario. La necesitaba para detenerme, desacelerarme, interrumpirme por un rato en el tiempo y pensar, para indagar, para estar conmigo y no estar ocioso, para extrañar, para anhelar, para conectarme con algunos detalles, para disfrutar de la naturaleza, para inmiscuirme en una noche cálida de brisas frescas, y recordar cuanto me gusta la fuerza del viento en una noche así, para darme cuenta a quien recurrir en estas situaciones y saber que hay alguien con quien compartirlo, alguien que sabes que no interrumpirás su continuo movimiento, en sus asuntos, por mas amigo o conocido que sea, alguien a quién, por confianza, demostrarle un momento de vulnerabilidad y saber que va a estar feliz que accedas a ella, alguien que sin importar lo que haga o la distancia, va a estar disponible a tus caprichos y siempre con una palabra de aliento, por más insignificante que sea el tiempo disponible.

“Nada como una buena noche cálida y ventosa para inspirar algunos versos. Dios creó este mundo perfecto y aunque ya no lo es más, la naturaleza me hace pensar que un día lo será otra vez…”

mensaje de texto, 23:38 hrs.

Y fue así como seguí por unos momentos más en esta melancolía aunque ya algo desvanecida, gracias al viento que despeja mis ideas y se lleva consigo las tristeza, al interés existente de esta persona y al silencio teñido del sonido de la noche, que logra socavar al ruido del dia y darme el espacio para meditar de algunas cosas. Y después de un rato, quebranté la instancia de la soledad y continué con mi vida… me incorporé a mi amigos, volvimos a hablar de tonterías y cosas graciosas, sin mencionar los minutos anteriores, ver una película y dormir…

martes, 5 de agosto de 2008

Bochorno en París


En mi gran viaje al Medio Oriente, Líbano, por motivos familiares, hicimos escala en París, tanto de ida como de vuelta. En el regreso, año 2000, nos quedamos seis horas en el aeropuerto. En eso, mientras mi abuelo hablaba árabe/francés con una de las encargadas de información sobre nuestro vuelo, con mi primo, de ese entonces catorce años y yo, de 11, nos empezó a dar gracia la forma en que hablaba y los ademanes que hacía la señorita, una especie de mímica (el idioma preferencial para la comunicación) que desató la burla de mi primo hacia ella, y claro, para seguirle el hilo, yo muerto de la risa. Sabíamos que ella no hablaba nuestro idioma. En esas cosas de la vida, luego de nuestro rato de humor, mi primo le comenta algo a mi abuelo, a lo que la pobre francesa aludió: "Ahh!!! ustedes también hablan español...
Estas cosas, son situaciones que en un momento dado, te produce la pigmentación rojiza de las orejas y/o mejillas y unas ganas enorme de salir corriendo, pero, con el tiempo, no es más que una entretenida anécdota para contarlo en un blog. En este blog. Y sin más, esta anécdota, espero que graciosa, tal y como la recuerdo, ha sido publicada.

Santiago

Las compuertas se abren y se cierran. La gente entra y sale. Y así, por catorce paraderos. La rapidez de afuera corre distinto a como se percibe por dentro. Tiempos paralelos. Yo, en un extremo medio, entre la multitud, con una mano sujetando uno de lo elementos para mantener el equilibrio y con el otro, mi cappuccino, me di el lujo de observar a las personas. De todos modos, no tenía otra cosa que hacer más que darle sorbetes a mi café recién salido de la máquina de un local cualquiera. Entonces, desde U. de Chile a Tobalaba, fue donde comencé a visualizar el abanico de personas que entraban y salían del metro. Cada una con diferentes personalidades, diferentes estilos, diferentes psiques... Cueros, rastas, trenzas naturales, coloridas, estudiantes, ejecutivos, abuelas, habladores, retraídos, dormilones, relojes, carteras, bananos, mochilas de diferentes marcas, diferentes precios. Y así, se iban yendo, de acuerdo a su paradero y entrando nuevos en su remplazo. Jeans, cotelé, bufandas, gorros, boinas, negro, rojo, azul, negro y mas negro, verde. Gente contemplando a otras mientras hablaban con otras de forma pausada... gente pausada, apurada, hablando por celular, escuchando mp3 y, de pronto...
Lo siento, he llegado. luego les sigo contando... tengo que avanzar con la gente para desocupar espacio, esa que hace un instante, estuve visualizando. Me dirijo a plaza Egaña, con convinación 4... me cambio de metro...

Alberdi

Mientras vacacionaba en Formosa, hermosa provincia del norte de Argentina, conocí a una simpática mujer mayor. Con mis amigos, habíamos acordado pasar la frontera e ir a Asunción, pero por ABC motivos, me fallaron. Así, sin más, agarré un poco de plata, mi pasaporte y me fui a Paraguay solo. Estaba a minutos de esa localidad, ya que la única vía para pasar de Formosa a ese país (dicho sea de paso, porque limitan) es en lancha por el rio Paraná. Lugar cubierto de pirañas, o, por lo menos, fue lo que se me informó. De todos modos, no me hubiese tirado un chapuzón para verificarlo. Y así fue como llegué a Alberdi, una porción de tierra paraguaya, con forma mas bien de isla, conocida popularmente por su mercado negro.
Después de pasar todo el día en ese lugar y de haber comprado algunas cosas, una mujer no más de cincuenta años, estaba (me incluyo) esperando junto a otras personas, la llegada de las lanchas. Le pregunté a que hora llegaban las lanchas, y después de contestarme que no tenía la menor idea, pero que ya deberían haber llegado, me preguntó extrañada, por mi acento, de dónde era y, posteriormente, me comentó que tenía un enorme parecido a su hijo mayor. Muy simpática la señora, conversamos todo el trayecto de vuelta. Luego se ofreció llevarme al lugar donde me quedaba a alojar, pero al decirle que que prefería caminar unas cuadras del puerto para ir al centro de la ciudad, amablemente, se dispuso a llevarme hasta allá. Al bajarme del vehículo, me dijo que escuchara la una frecuencia "X" de la radio (que la dirigía su hijo) porque me iba a mandar saludos, y, sin más, se despidió. conducta recípreoca por mi parte.
Nunca escuché la radio, ni supe de esta mujer y, viéndolo desde ahora, me da un poco de risa; no sé cual era las intenciones de esta mujer, sin embargo, prefiero pensar que se debió a mi gran parecido a su hijo y su buena disponibilidad. De todas maneras, le envío un cordial saludo desde esta página, por su simpatía y amabilidad.

domingo, 13 de julio de 2008

El Sueño ¿Tu peor enemigo?


Engañoso, ilusorio... decimos: "dormiremos cinco minutos" pensando en que dominaremos nuestro estado onírico, mas el sueño se hace el tonto, espera que caigamos en su trampa cuyo método es hacernos creer que tenemos el control y cuando caemos... plamm!!!! nOs atrapó.
Ahora... nos costará salir de este sueño exquisito... confortante. Nos atrapó completamente y, a pesar que a veces logramos zafarnos, nos despertamos y miramos el reloj. No obstante, logra seducirnos de vuelta y nos persuade con otros "cinco minutos más" ... [como si cinco minutos más, fueran cinco horas]. Asi mandamos al carajo todas táctica que planeamos al principio: las dos tazas de café doble, la cafiaspirina o cualquier sustancia que evite la producción de melatonina. Pero, ¿habrá que rendirse? ¿perder el parcial o que nos vaya mal por no estudiar? (aunque no se debería estudiar de noche).
El sueño, a veces, tiene que hacerse el malo para hacernos bien. Es necesario para nuestro desarrollo en todos los aspectos del organismo. Creo que en algo estamos de acuerdo.
"Que es rico dormir con ganas", por ultimo valió la pena... a pesar que al dia siguiente estés con "cara de culo" [aunque algunos ya es innato] porque te fue mal en el parcial o porque los fármacos deprimieron tus opiáceos naturales.
De todos modos lector, que descanses ... mientras puedas.

Miedo

¿Qué es el miedo? No es más que otro capricho de nuestra mente que nos hace sentir vulnerables, débiles. En lo más dentro de nuestra cabeza, en los arbustos mentales de nuestro cerebro, donde no llega la luz del sol, donde vagan ideas y pensamientos, hay un pequeño abismo, una pequeña grieta, que lleva un suscrito con el nombre de “miedo”. Allí en lo más hondo, en lo más oscuro, se esconden los más tenebrosos, secretos y misteriosos fantasmas de cada uno. "Nuestros temores". Una vez leí, algo que decía: “el miedo no existe, solo está en nuestra mente”. El miedo se activa con el miedo. ¿Pero miedo a qué? Según el diccionario miedo de que nos suceda algo malo o algo que no nos gustaría que nos sucediera. Lo que hace que exista un patrón de todos los patrones que activa el miedo, que es la muerte. Miedo a la muerte. La gente no se resigna a morir.
El miedo nos paraliza, nos hace sentir inferiores a alguien o a algo, que muchas veces no vemos, que no sabemos si existe o no. “la humanidad le teme a lo desconocido”. Hasta los más poderosos e inmunes, el miedo los hace vulnerable. Vulnerable a lo que no se puede luchar. Y lo peor de todo es, que el miedo, no es algo que vemos u oímos, sino algo que sentimos. No es algo que podamos combatir externamente, sino internamente. Sin embargo, se puede percibir en el exterior. Se huele, se siente. Muchos dicen que el cerebro es nuestro mayor aliado. Nuestra mejor arma de combate. Y yo digo, que si se lo propone, también puede ser nuestro peor enemigo.

Castillo de Naipes


La inseguridad. La maldita inseguridad. Es como una brisa de viento que derrumba nuestro castillo de naipes. Un castillo que se requirió tiempo, paciencia y dedicación en su constructo. Lo que no quiere decir que no se puede construir de nuevo. Pero lleva tiempo. La rapidez depende de cada persona.

¿La causa de aquel derrumbe?
Por mil y un factores que pasa como una brisa. Una inesperada brisa. Que siempre estuvo ahí, pero que no se presentó hasta que se terminó de construir la fortaleza. Cuando pensábamos que estaba firme y de que nada la podía derribar.
La inseguridad. La maldita inseguridad. Es la que nos hace sentir de un día caluroso y despejado a una noche nublada y friolenta. De sentirnos el centro de atención como la luna llena en medio de la infinita noche, a ser un simple pez más del infinito océano. Es como una montaña rusa, a veces estamos arriba y otras abajo. Hay dias en que nos sentimos tan seguros de nosotros mismos, pero hay otros, en que nos sentimos tan lo contrario.
La inseguridad. A pesar de ser un conflicto interno, una pelea de pensamientos, se manifiesta de forma física. Que trae como consecuencia incomodidad, inestabilidad. Una golpiza en nuestro ego.
Lo seguro de todo esto es que aquella emoción se presenta cuando hay algo de nosotros que no dominamos, que no controlamos y, a veces, en el peor de los casos, cuando no nos aceptamos. Por lo que no nos queda otra que sí hacerlo. “tu eres el único que vas a estar con tigo mismo toda la vida” y más vale que te aceptes como eres, porque si no… ¡serás inseguro toda la vida! Y eso, si que produce inseguridad.

sábado, 12 de julio de 2008

El mundo de las letras.

Mientras chateaba y veía una pelicula francesa en el TVcable de un escritor, me di cuenta de algo. Me gusta las historia, novelas, peliculas, sobre escritores. Las vivencias de un escritor sumergido en su vida cotidiana, en la urbe y todo lo que implica. Sobre su necesidad de escribir y de como se gana la vida a través de ella. Desde las trasnochadas por trascribir y plasmar sus ideas, hasta ese café humeante mañanero leyendo un buen periodico. El personajes tiene que tener una mezcla de juventud, fasha, estilo y dotes para la escritura, algo o mas bien alguien con quien identificarme. Es así, una especie de Introyección, creo. Y bueno, como se dieron cuenta, me gusta escribir, tengo un alma de escritor, unos de mis hobbie mas entretenidos, porque mi formación es de otra area, Psicología.
Todos podemos ser escritores si queremos, es solo escribir, tan simple como tener a mano un bolígrafo y papel, y para los más avanzados... microsoft Word. A pesar que a futuro voy a tener pacientes, me encantaría publicar libros, varios libros, novelas, cuentos; trabajar en un periodico, para una revista, tener una columna o hacer artículos. Me veo en eso, por ahora me conformo con mis escritos y el blog. En estos momentos me sujeto en el soñar, practicar en fragmentos. Dicha razón hace que me guste las historias sobre escritores. Muchas veces he tenido que aguantar tramas aburridas, soportar series, por el hecho de que había un personaje escritor. El arte de escribir, es el arte de materializar las ideas, los pensamientos. Es traer al mundo de las letras lo subjetivo por medio de un papel... en otras palabras, el arte de las palabras.

Si leen esto, y saben de alguna trama buena que me recomiende, escríbanlo en la sección de comentarios por favor.
Y sin mas, este texto, ha sido publicado.


Diego Ignacio
Escritor de blogs

jueves, 10 de julio de 2008

HABÍA UNA VEZ...



Brujas, demonios, hadas, lagos encantados,
peregrinaciones y aventuras en lo profundo de la noche...
son sólo y nada más que cuentos.
Que desaparecen cuando se llega a la última hoja o simplemente el libro se cierra.



Pero hay cosas en la vida, cosas cotidianas que en su mínima estructura más básica...
SON CONSTRUCTOS MERAMENTE ELABORADO
por la imaginación de los pobres fantasiosos...

CUENTOS, cuentos y más cuentos
[HISTORIAS SIN CONTACTO ALGUNO CON LA REALIDAD]


¿Y vivieron felices para siempre?
.

EL MUNDO ONÍRICO

Llegó lo místico a este Blog.
Es tiempo de soñar, es tiempo de fantasear.
Elevar la inconsciencia.
Desatar lo oculto, liberar lo escondido.
Y dejarte fluir en los sueños todos los deseos & las Añoranzas.

Dulces sueños, apreciado Lector.