
Mi referente y musa alquilada en esta oportunidad eres tú. Aquella rubia que bajó aquella mañana por primera vez del autobús escolar a mi particular escuela al interior del valle, aquella que caminaba unidireccionalmente hacia la fila donde se encontraba mi curso, algo seria, algo desorientada. Aquella chica a la que me acerqué por primera vez para saludarla y presentarme, y que posteriormente me di cuenta que no fue muy apropiado ni oportuno, puesto que mi persona, a primera impresión, te cayó mal, por razones aparentes inexistentes de tu percepción. Sin embargo, esa idea, con el tiempo, se modificó en una amistad preciosa y atemporal. Aquellas que no se dan todos los días. Fuiste aquella amiga que nunca tuve, que siempre tuve y que no volveré a tener. Tu forma especial y singular de tratar a la gente, tu mirada que lo decía todo, tus gustos por los profesores, tu simpatía atrayente para con los otros, y tu obsesión por tu cabello, sin contar tu humor singular y diferente, que provocaban estallidos de risas saliente de mi boca, son cosas que adjuntaré
para siempre mientras tenga vida y no sufra ninguna degeneración senil importante, en aquel rinconcito de la mente que se encuentra conectado con el corazón para el resto de mis tiempos. ¿Te parece si hacemos un breve (valga la redundancia) Flashback? Si no te importa, acá va: “Quiero aquellas tardes de ocio y risa a tu lado, esas en donde hablábamos pavadas y estupideces sin sentido. Quiero volverte a escuchar hablar (Aunque me cargaba) de tus tan relucientes y admirables actores, esos que te fascinaban, aquellos que te quitaban el sueño, como también volver a oírte hablar de la serie "Lost" y de sus –según tú- geniales capítulos, de "Coldplay", de tu horrible rottweiler, jajaja, broma, de la injusticias y caza contra las ballenas, de tu racismo en contra los chinos, de tus fantasías -no eróticas - sobre la vida, sobre el futuro, de tu sueño de ser actriz de Hollywood de la mano con Josh Holloway y a su vez, ser una exitosa veterinaria o científica, de poder sentir tu personalidad egocéntrica, excéntrica y narcisista y tus constantes megalomanías, de mirarte al espejo y sonreír cuando contemplabas tu rubio cabello, cuando yo te molestaba diciendo que estaba más oscuro que antes y tu buscabas el sol para decir, No! mira, está rubio, y te enojabas con una sutil sonrisa. Sobre aquellas veces donde nos juntamos a ver una mala película e ir a comprar porquerías al supermercado... De nuestros constantes delirios de estar dentro de escenarios ficticios, como aquel Reality Show en donde tú
interpretabas a la “perra estratega y manipuladora”, mientras yo decía que llegaría a la final, eras y eres mi complemento egocéntrico, aquella cualidad que partió
como un papel de actuación y que luego se nos salió de las manos, que se me salió de las manos. De planear tonterías de momentos, como aquella oportunidad cuando pasábamos por la universidad y nos dio por meternos y salir junto a otros dos estudiantes de física, a las sigas, hablando como “universitarios” creyéndonos el cuento, pero que nadie pagaba ni un peso por eso. De tu esencia de Evanescence que asocié a tu persona; las noches de campamentos y piscinas con los amigos, las conversaciones en clases, y las charlas que no revelaré acá. De tantas otras cosas que hacíamos junto, de imitar a los profesores, burlarnos y reírnos de las "aberraciones genéticas", de tocar el timbre y salir corriendo, jajaja, eso nunca lo hicimos, y de tantas otras cosas absurdas pero divertidas en aquellas épocas nortinas e inmaduras...”¡¡Esa eras tú, este soy yo!! Qué bombazo ¿no?
Te quiero mucho, lo sabes y lo repito. Espero que algún día nos volvamos a juntar y seguir con
Esto va para ti, mi apreciada, valorada, e invaluable Amiga, Camila M. Sos única. No pierdas tu esencia. Lo sabes y te encanta. (Lo sé, jajaja [tirita el labio superior, jaja])

Esto que voy a narrar aconteció un dia como hoy, pero tan lejano como ayer. No se debe a ninguna maldición de los dioses, ni a un fatal accidente de laboratorio. Simplemente sucedió. No sé cómo, ni cuándo, pero frente a excitaciones fuertes, mi nivel de cortisol en la sangre comienza a aumentar y mis latidos acelerar. Aquel órgano tan añorado, renombrado por poetas y antiguos compositores del mundo, paulatinamente se convierte en un corazón de cristal, y mis latidos, consecuencia de las mismas, en sonidos lamentosos de un ser puro y pasional.
Camino entre los cedros del Líbano, por las montañas del Tíbet, por los rincones de Nepal. Todo
al parecer solía señalar una caminata tranquila. Pausada. Todo, con excepción de aquella horrorizada situación a unos metros de mí. Es Valentina, y no está sola, está con Emilio, el distinguido y renombrado archiduque de Venecia. Ambos de la mano recogiendo amapolas y riendo de lo loco. ¡Es extraño! No debería molestarme, pues ya hemos roto hace ocho meses. Cada uno escogió caminar por rumbos distintos; no obstante, aquella escena removió algunas cajas en mi Ser.
Despierto en las orillas de un arroyo al interior de un denso y verdoso follaje. Me levanto, miro mis heridas, miro mis harapos,
miro hacia atrás. Quiero llorar. La imagen de Valentina viene a mí una y otra vez junto al infame de Emilio. ¡Qué más da! No hay nadie mirándome, salvo aquella roca tapada en musgos frente a mí. Lloro. Mis lagrimas se confunden entre aguas de arrollo y mi llanto se mimetiza entre sonidos de cascadas. Soy un caos. Ahí me quedo algunos minutos, horas, rotaciones y traslaciones… finalizando quién sabe cúantas estaciones. 
tiempo de viaje y dolor, se revertiría la sucesión... Pero no fue así.
en mi pecho. Valentina se recuesta a mi lado, me abraza y apoya su cabeza en mi pecho. Volvieron algunas emociones, volvieron viejos recuerdos, volvieron del pasado, volvieron al futuro; aterrizo. Me percato del presente, y valentina ya no está más. Sólo me ha dejado aquella marchitada flor en el pecho. Pecho, que de apoco se va trizando, que de a poco va dejando de sentir, que de a poco va dejando de latir… 


































